Sudáfrica venció 32 a 12 a Inglaterra en la final y es el nuevo campeón del mundo.

Frente a frente, mucho más que dos equipos. Se enfrentaban los que inventaron este deporte con los que, siendo colonias britanicas, lo aprendieron. Hemisferio norte con hemisferio sur. El representante del torneo Seis Naciones con el del Rugby Championship. Solo uno de los dos podía salir ganador del campo de juego del Yokohama Stadium. Inglaterra, en esta Copa del Mundo, había aplastado a los otros tres integrantes del Rugby Championship. Primero fue Argentina en la fase de grupos 39-10, siguió Australia en cuartos de final 40-16 y Nueva Zelanda en semifinales 19-12. Pumas, Wallabies y All Blacks, en ese orden, sucumbieron ante la defensa inexpugnable del equipo de Eddie Jones. Sólo le faltaban los Springbocks para completar el poker de triunfos sobre los equipos del hemisferio sur. En la historia de la Copa del Mundo, solo un equipo del hemisferio norte pudo consagrarse campeón una vez: Inglaterra en 2003, venciendo a Australia en la final 20 a 17 con aquel famoso drop de Wilkinson. Las siete veces restantes fueron para el sur: 3 Nueva Zelanda, 2 Sudáfrica y 2 Australia. Los de la Rosa llegaban a la final como favoritos.

Pero del otro lado estaba Sudáfrica, con una defensa granítica, un tremendo poderío en su scrum y un manejo casi perfecto del maul. Y un eximio pateador como Handré Pollard para un partido que se imaginaba muy táctico y con mucho juego a través del pie. Los Springbocks se sostienen en su poderío físico y su entrenador Rassie Erasmus los devolvió a su esencia de sólidas formaciones fijas y dura defensa para imponerse en el contacto. Si a eso le agregamos el orgullo «boer» (nombre de los colonos holandeses que poblaron Sudáfrica y lucharon por su independencia justamente… de Inglaterra), estamos en presencia de un rival tremendo.

Así se planteo la final, con todos esos ingredientes extras. Y el partido se dio, de alguna forma, como se imaginaba. Al menos en el primer tiempo. Con dos defensas intensas que en los últimos partidos no han recibido tries en los primeros tiempos. A poco de empezar hay una infracción de Courney Lawes en el breakdown sancionada con penal, pero Pollard falla la patada. Inglaterra está incómoda con la presión sudafricana y comete infracciones. Pollard tiene una segunda oportunidad y no falla, abriendo el marcador del partido. Los Springbocks se imponen en el scrum, empujando a los ingleses y obligándolos a cometer faltas. De todas maneras, Owen Farrell tiene un penal a favor y convierte, poniendo las cosas 3 a 3. El porcentaje de tackles efectivos de Sudáfrica es de un increíble 94%, con Eben Etzebeth a la cabeza. El primer tiempo se convierte en un duelo de pateadores y termina 12 a 6 a favor de los sudafricanos.

En el rugby, el sur es el que manda.
Tremendo tackle de Mbonambi, símbolo de la solidez defensiva de Sudáfrica.

En el segundo tiempo Inglaterra parece querer llevarse por delante a su rival que se defiende sin ceder terreno. Sigue el duelo de pateadores y el resultado aumenta a 18-12. Hasta que los Springbocks logran vulnerar el ingoal rival por una de las puntas a través de Makazole Mapimpi en una jugada revisada por el TMO por un posible pase forward y Pollard suma dos puntos más con la conversión. 25-12 a falta de veinte minutos. Inglaterra quiere tirar el resto, pero se encuentra con una pared de camisetas verdes. Para colmo, Sudáfrica apoya otro try a los 33´, esta vez en la otra punta a través de Cheslin Kolbe, el pequeño y veloz wing que se recuperó de la lesión en un tobillo para estar en la final. La conversión de Pollard sella el marcador en un 32-12 que no se moverá más.

En el rugby, el sur es el que manda.
Mapimpi consigue el primer try de Sudáfrica en la final.

Sudáfrica es el nuevo campeón del mundo. Es el tercer título mundial para los Springbocks en su historia y la primera vez que quien levanta la Copa Webb Ellis es un capitán negro, Siya Kolisi, todo un símbolo para un país con años de segregación racial. Sudáfrica nunca perdió una final y rompió con varios mitos. Uno de ellos es que quien gana el Rugby Championship, ese año no gana el Mundial. Ellos lo lograron y cerraron un año inolvidable. También son el primer campeón que alcanza el título habiendo perdido un partido, el primero de todos, por la fase de grupos, frente a los All Blacks.

En el rugby, el sur es el que manda.
Final. Sudáfrica es el nuevo campeón ante la desazón inglesa

Nuevamente el hemisferio sur se impuso al hemisferio norte y sigue mandando en el rugby mundial. Los inventores de este deporte deberán esperar cuatro años más para intentarlo de nuevo. A pesar de eso, esta Copa del Mundo dejó muchos cambios en el ranking, con el ascenso de Japón gracias a sus victorias sobre potencias como Irlanda y Escocia. Cambios de paradigmas, como el éxito del juego defensivo sobre el juego de ataque y que la distancia entre los equipos del sur sobre los del norte, evidente en el Mundial pasado, se ha achicado. Las cosas cambian aunque parezca que nada cambia.