Además del título y la clasificación para los Juegos de Tokio, hubo puntos altos y bajos en nuestra selección de fútbol.

El Seleccionado Argentino de fútbol Sub-23 consiguió lo que fue a buscar a al Preolímpico de Colombia: una de las dos plazas que otorgaba para los Juegos Olímpicos a realizarse este año en Tokio. Por si esto fuera poco, se consagró campeón una fecha antes de la finalización del torneo, con un andar perfecto al ganar todos los partidos que había jugado hasta ese momento. La única mancha, si se quiere, fue no haberlo logrado invicto al caer en el último encuentro por 3 a 0 con Brasil, que consiguió de esta manera el segundo pasaje a Tokio en juego. Pero la participación de nuestro seleccionado dejó algunos puntos para analizar:

Mac Allister fue la estrella y el goleador argentino en el Preolímpico

Consagraciones individuales: Algunos jugadores se destacaron dentro de un equipo muy compacto. Ya sabíamos de las condiciones de Alexis Mac Allister, pero el ahora jugador del Brighton asumió con personalidad el papel de estrella del equipo, generando fútbol y convirtiéndose en goleador del equipo. Adolfo Gaich no era tenido en cuenta en San Lorenzo, sin embargo en los amistosos previos con el Sub-23 pudo mostrarse al punto de que Monarriz lo puso en la primera y el joven le retribuyó la confianza con goles. Es un jugador que gracias a esta selección pudo entrar en la consideración de la gente, por lo que cuando San Lorenzo puso en duda cederlo, sonaba por lo menos a injusticia. Uno de los jugadores clave fue Fausto Vera. El hombre de Argentinos Juniors hizo un torneo notable, fue el equilibrio del equipo, siempre bien posicionado y hasta llegando al gol como contra Uruguay. Facundo Medina y Nehuén Pérez constituyeron una muy firme dupla de marcadores centrales, que transmitieron solidez y personalidad al resto del equipo.

Adolfo Gaich explotó en la sub-23 para que lo aproveche San Lorenzo

Un cuerpo técnico confiable: Fernando Batista demostró toda su capacidad. Aprovechó las fechas FIFA para citar jugadores y organizar amistosos, algo inédito en un Sub-23, dándole rodaje al equipo. No se desesperó cuando le negaron algunos nombres que él había citado, conocedor de la calidad de los nuevos convocados. Ganó el torneo con un equipo que jugó bien y no solo se impuso por la jerarquía individual de sus jugadores sino por el muy buen funcionamiento colectivo.

Fernando «Bocha» Batista, un técnico capaz que devolvió la confianza en los seleccionados juveniles

La conducta: Si bien no es algo preocupante, sufrió dos expulsiones en siete partidos y tuvo jugadores suspendidos por acumulación de amarillas. Algo que en un torneo corto puede ser determinante y merece un llamado de atención por parte del cuerpo técnico.

La expulsión de Mac Allister en el debut frente a Colombia. La conducta, un tema a revisar.

El perjuicio a algunos equipos. Si bien no poder utilizar a jugadores por haber sido cedidos a la selección perjudica a los clubes que se ven privados de su talento, algunos equipos se vieron más perjudicados que otros. Banfield tuvo tres convocados. Y si bien el arquero Cambeses (de muy buena actuación en el torneo) es suplente de Arboleda, tanto Bustos como Urzi son titulares en el equipo de Falcioni. Los dos convocados de Talleres, Nahuel Bustos y Facundo Medina son piezas claves en el equipo cordobés. Lo mismo sucede con Fausto Vera en Argentinos Juniors. Y no es lo mismo sacarle a River a Julián Álvarez, que no siempre es titular y puede ser reemplazado en el equipo de Gallardo, que a San Lorenzo a Gaich y su racha goleadora. Esto provocó quejas y motivó que la Superliga a modifique su calendario a pedido de la AFA.

Argentinos Juniors extrañó no poder contar con Fausto Vera en la Superliga.

¿Se podrá mantener este equipo para los JJ.OO.? Es una incognita. Como no es obligación ceder a los jugadores, en julio tendrá lugar una nueva pulseada entre la selección y los clubes. Lo cierto es que mantener la jerarquía del futbol argentino depende de las actuaciones de nuestros distintos seleccionados, que deberían ser siempre prioridad, algo que los dirigentes declaman pero llegado el momento, no quieren cumplir