La muerte de Maradona nos trajo múltiples recuerdos, lo hayamos conocido personalmente o no.

Es el mediodía del 25 de noviembre y recibo la noticia de que Diego Armando Maradona falleció. Mi primera reacción fue esperar, buscar otras fuentes para chequear esa información. Es que tantas veces lo habían matado y sin embargo no estaba muerto, que ésta podía ser una más. Tantas veces había gambeteado a los agoreros de la muerte que pensé que otra vez lo iba a hacer.

Pero esta vez la gambeta no le salió. Empezaron a llegar las confirmaciones por distintos medios y era indudable que ese día que ninguno quería que llegara, llegó. Murió Maradona. Y en mi mente empezaron a sucederse recuerdos de momentos de Diego a través de mi vida. Tuve la suerte de conocer a Maradona, pero lo mismo hubiera pasado sin conocerlo personalmente. Porque forma parte de nuestra vida, de nuestra historia, aún para los que no les gusta el fútbol.

¿No te pasa que recordás dónde estabas cuando le metió el gol más lindo de la historia de los mundiales a los ingleses)? Aunque no te guste el fútbol. O qué sentiste cuando en el Mundial 94 le «cortaron las piernas». ¿Y «la mano de Dios»?. Maradona fue parte de nuestra vida. Porque a todos, alguna vez, nos la modificó un poco. Sacándonos una foto con él, firmándonos un autógrafo, viéndolo de lejos en una cancha o admirando una jugada que nos traía la televisión.

Por eso pensé en escribir desde ese punto de vista. En ese poquito o mucho que influyó en nuestra vida. En los momentos de alegría o llanto que nos provocó. Tuve la suerte de conocerlo hace bastante, antes de dedicarme al periodismo. Y me honró con muestras de amistad, sin que yo llegue a considerarme su amigo.

Maradona y yo
Junto a Diego en 1986. El mejor Maradona que se pudo ver

Como aquella vez de abril de 1986 cuando luego de un Napoli-Avellino en el San Paolo me regaló su camiseta. Después la gloria de México y la foto inolvidable, orgulloso de estar junto al mejor Maradona que se pudo ver. Usé su camiseta más de 15 años para jugar con mis amigos en invierno, porque era abrigadita, hasta que en el 2004 es internado en la Suizo Argentina y decidí guardarla, no usarla más.

Maradona y yo
Diego en FOX SPORTS firmando la camiseta que me había regalado

Sin embargo Diego se recuperó y años más tarde, ya trabajando yo de periodista en FOX SPORTS, vino al canal y decidí llevarla. Cuando me vio, me preguntó «¿Todavía la tenés?». «¿Cómo no la voy a guardar? Sos Maradona…», le respondí y me la firmó para después sacarnos juntos una nueva foto con ella. La camiseta celeste del Nápoli que ahora está enmarcada y guardo como uno de mis más valiosos tesoros.

Maradona y yo
La camiseta que guardo como un tesoro

Diego siempre fue increíblemente generoso. Recuerdo que en el Mundial 2010 en Sudáfrica, durante las conferencias de prensa los que preguntaban decían antes su nombre. A mi me parecía una estupidez porque Diego me conocía, entonces preguntaba directamente. Y él, antes de responder, me saludaba con mi nombre y apellido ante toda la prensa del mundo, lo que me llenaba de orgullo.

Como empezó a tener amigos que yo no conocía, me fui alejando. Sin embargo, cada vez que me veía paraba a saludarme o se desviaba para darme un abrazo, fuera cual fuere su humor. Siempre preocupado de cómo estaba en el trabajo o de la salud de mis viejos. Nunca le pedí una nota ni quise sacar provecho profesional de la amistad que me ofrecía.

Años más tarde, en una comida homenaje a los campeones del mundo de 1986, fui con mi hijo Salvador, entonces de ocho años, y se lo presenté. Él lo abrazó y lo sentó a comer a su lado. «¿Le pusiste Salvador por Bilardo?», me preguntó, y no hubo manera de hacerle entender que no. Mi hijo comía al lado de ese superhéroe sin capa ni casco que había visto hacer maravillas en mil videos de YouTube.

Maradona y yo
Mi hijo Salvador en la mesa con su superhéroe del fútbol. Diego tenía un imán especial con los chicos.

Hoy finalmente su corazón maltratado dijo basta. No escuché a nadie explicar cual era su dolencia. El miocardio es un músculo que, como cualquier músculo, se pone rígido con el continuo ejercicio y sobre exigencia, perdiendo flexibilidad y capacidad de bombeo. Requería cuidados cardiológicos casi permanentemente. Supongo que los tenía.

Quise escribir esta nota como una forma de compartir con ustedes algo de lo que fue Diego para mí. Me hizo mucho mal verlo arrastrar los pies por el césped el pasado 30 de 0ctubre, cuando antes lo recorría con su tranco inigualable. Cumplía 60 años y me dolió verlo triste (o al menos yo así lo sentí) cuando durante tanto tiempo sus risas y ocurrencias eran contagiosas.

Maradona y yo
Maradona el pasado 30 de octubre cuando fue homenajeado con motivo de su cumpleaños 60

Los invito a pensar unos minutos acerca de sus recuerdos de Diego o simplemente qué conexión con él destacarían. Yo por mi lado siento un profundo agradecimiento hacía él. Y uso la frase del Negro Fontanarrosa: «No me importa qué hizo con su vida, sino lo que hizo con la mía.», porque Diego hizo mi vida un poco más feliz. Ojalá Dios lo reciba con los brazos abiertos y Maradona me guarde un lugar en su equipo.