Las fracturas por estrés son diminutas roturas de hueso. Son producto de la aplicación repetitiva de fuerza, a menudo por sobrecarga, como saltar repetidamente o correr distancias largas. Las fracturas por estrés también pueden ser provocadas por el uso normal de un hueso que está debilitado por una afección como la osteoporosis.
Las fracturas por estrés son más frecuentes en los huesos de la parte superior de la pierna y del pie que soportan peso. Los atletas y los reclutas de las fuerzas armadas que soportan cargas pesadas por distancias largas son particularmente susceptibles, pero cualquiera puede sufrir una fractura por estrés. Por ejemplo, si comienzas un nuevo programa de ejercicios, puedes sufrir una fractura por estrés si te esfuerzas demasiado ni bien empiezas.
Síntomas
Al principio, apenas podrías notar el dolor asociado con una fractura por estrés, pero el dolor tiende a empeorar con el tiempo. La sensibilidad generalmente se origina un lugar específico y disminuye durante el reposo. Es posible que presentes hinchazón en la zona dolorida.
Causas
Las fracturas por sobrecarga suelen ser consecuencia del aumento de la cantidad o la intensidad de una actividad demasiado rápido.
Los huesos se adaptan gradualmente a cargas de mayor peso a través de la remodelación, un proceso normal que se acelera cuando la carga sobre los huesos aumenta. Durante la remodelación, el tejido óseo se destruye (reabsorción) y luego vuelve a formarse.
Los huesos que se someten a fuerzas a las que no están acostumbrados sin el suficiente tiempo para la recuperación reabsorben células más rápido de lo que el cuerpo puede reemplazarlas, lo que te hace más propenso a fracturas por sobrecarga.
Factores de riesgo

Algunos factores que pueden aumentar el riesgo de fracturas por fatiga incluyen los siguientes:
Determinados deportes – Aumento de actividad – Sexo – Problemas en el pie – Huesos debilitados – Fracturas por fatiga anteriores – Falta de nutrientes

Complicaciones
Algunas fracturas por fatiga no sanan correctamente, lo que puede provocar dolor crónico. Si las causas ocultas no se tratan, es posible que tengas un mayor riesgo de sufrir otras fracturas por fatiga.
Prevención
Algunas medidas simples pueden ayudarte a evitar las fracturas por sobrecarga.
Realiza cambios lentamente. Comienza cualquier programa de ejercicios nuevo lentamente y avanza de manera gradual.
Usa calzado adecuado. Asegúrate de que tu calzado te quede bien y sea adecuado para la actividad que realizas. Si tienes pie plano, consulta con el médico sobre soportes para el arco de tu calzado.
Ejercicios con máquinas. Agrega ejercicios de bajo impacto a tu régimen de ejercicios para evitar sobrecargar de manera repetitiva una determinada zona de tu cuerpo.
Mantén una nutrición adecuada. Para que tus huesos se mantengan fuertes, asegúrate de que tu dieta incluya cantidades suficientes de calcio, vitamina D y otros nutrientes.
Diagnóstico
Los médicos a veces pueden diagnosticar una fractura por sobrecarga a partir de una historia clínica y una exploración física; sin embargo, a menudo es necesario realizarse pruebas de diagnóstico por imágenes.
Radiografías – Gammagrafía ósea – Imágenes por resonancia magnética (IRM)
Tratamiento

Para reducir la carga que deben soportar tus huesos hasta que hayas sanado, podrías tener que usar una bota para caminar, un aparato ortopédico o muletas.
Si bien es poco habitual, la cirugía a veces es necesaria para asegurarse de que algunos tipos de fractura por estrés sanen por completo, especialmente las que se producen en zonas con deficiente irrigación sanguínea. La cirugía también podría ser una opción para facilitar la sanación de los atletas de elite que desean volver más rápidamente a la práctica deportiva o de los operarios que usan en su trabajo la parte del cuerpo donde se produjo la fractura por estrés.

Recuperación
Es importante darle tiempo al hueso para que sane. Esto puede llevar varios meses o incluso más tiempo. Mientras tanto:

Descansa. No apoyes peso sobre la extremidad afectada, tal como te haya indicado el médico, hasta que te autorice a soportar la carga normal.
Aplica hielo. Para reducir la inflamación y aliviar el dolor, es posible que el médico te recomiende aplicar compresas de hielo en la zona lesionada según sea necesario, hasta tres o cuatro veces al día, durante 15 minutos por vez.
Retoma la actividad de a poco. Cuando el médico te autorice, pasa gradualmente de las actividades sin carga —como la natación— a tus actividades habituales. Retoma de a poco las actividades de alto impacto, como correr, y ve aumentando el tiempo y la distancia lentamente.

Cuándo consultar al médico
Comunícate con el médico si el dolor se vuelve intenso o persiste incluso estando en reposo.