
Venezuela e Irán estarían involucrados en una operación clandestina de intercambio nuclear y militar que enciende alarmas en el continente americano. Según filtraciones de servicios de inteligencia de Israel y Estados Unidos, el gobierno de Nicolás Maduro habría facilitado el envío de uranio enriquecido a Irán desde al menos 2020. A cambio, Teherán habría provisto tecnología militar, drones Shahed y asesoramiento en estrategias de control interno.
El supuesto suministro de uranio viola múltiples resoluciones de la ONU, así como las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que no ha logrado ingresar a las minas del estado Bolívar, donde se estima se extrajo el material. Las rutas de transporte se habrían concretado mediante vuelos directos entre Caracas y Teherán, utilizando logística civil para ocultar la operación.
El acuerdo también tendría un componente geopolítico de alcance continental. Fuentes diplomáticas advierten que Irán habría incrementado su influencia en América Latina mediante el financiamiento de redes vinculadas a Hezbollah, especialmente en la Triple Frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil. Este entramado incluye lavado de dinero, narcotráfico y uso de criptomonedas para financiar actividades encubiertas.
La conexión venezolana sería central en esta expansión. Señalamientos indican que militares venezolanos habrían sido entrenados por la Guardia Revolucionaria iraní en tácticas de inteligencia, vigilancia y represión. A su vez, operadores de Hezbollah contarían con libre circulación en territorio venezolano, desde donde articularían redes de apoyo logístico.
Las evidencias recopiladas incluyen imágenes satelitales, registros de vuelos, testimonios de exfuncionarios y documentos clasificados. Sin embargo, hasta el momento, no se ha logrado una confirmación pública del OIEA. Lo que sí está claro es que la posible transferencia de material nuclear desde América Latina podría reconfigurar el mapa de amenazas globales.
Gobiernos como el de Paraguay y Uruguay ya expresaron su preocupación, mientras que otros, como Argentina, optaron por la cautela diplomática. La OEA y la CELAC aún no se han pronunciado formalmente. En paralelo, analistas de seguridad regional advierten sobre posibles represalias de actores internacionales si se confirma la participación activa de Venezuela en el rearme nuclear iraní.
La denuncia también reaviva el debate sobre la vulnerabilidad de América Latina ante intereses extrahemisféricos. El uso del continente como plataforma para operaciones encubiertas desafía la soberanía regional y pone en evidencia las fisuras institucionales que permiten este tipo de alianzas.
El impacto de estas filtraciones podría extenderse más allá del plano diplomático. Si se demuestra la cooperación nuclear, Venezuela podría enfrentar sanciones multilaterales, aislamiento financiero y un deterioro mayor en sus relaciones bilaterales. Las implicancias alcanzan no solo a Caracas y Teherán, sino a todo el equilibrio estratégico del hemisferio.
Venezuela se ha convertido en la nueva base de operaciones de Irán en América Latina. ¿Hasta cuándo seguirá el mundo ignorando esta amenaza? El silencio hoy, será caos mañana. #VenezuelaNoEsIrán #AmenazaRegional #Alerta #TerrorismoEnLatinoamérica #EnNuestrasManosEstaLaLibertad pic.twitter.com/2D8WHLjyYF
— Deivys Florez🇻🇪🗽 (@DeivysFlor9039) June 21, 2025
Si las acusaciones se confirman, Venezuela se convertiría en el primer país latinoamericano vinculado directamente con la proliferación nuclear en Medio Oriente. Más allá de los alineamientos ideológicos, el impacto de este hecho podría ser profundo: desde sanciones multilaterales hasta la militarización de la diplomacia regional. La comunidad internacional observa con atención, pero el silencio institucional latinoamericano revela una fractura que podría volverse estratégica.