29/08/2025 - Edición Nº934

Internacionales

Un acuerdo que cambió la geopolítica

Alaska: la venta rusa de 1867 que redefinió el poder mundial

25/08/2025 | Rusia cedió el territorio por 7,2 millones de dólares para aliviar su crisis, sin prever que sería un motor económico y estratégico de Estados Unidos.



La elección de Alaska como escenario de la última cumbre entre Estados Unidos y Rusia reavivó un episodio histórico que aún despierta controversia: la venta del territorio en 1867. En aquel entonces, el zar Alejandro II buscaba recursos tras la costosa guerra de Crimea y temía que Gran Bretaña, expandida desde Canadá, pudiera apoderarse del enclave sin compensación. Para evitarlo, optó por ofrecerlo a un país que, aunque todavía joven, se perfilaba como una potencia en ascenso. Washington acababa de salir de la Guerra de Secesión y buscaba consolidarse como un actor clave en el Pacífico, con ambiciones de abrir rutas hacia Asia y de contrapesar la influencia europea.

La negociación estuvo a cargo del embajador ruso Eduard de Stoeckl y del secretario de Estado estadounidense William Henry Seward, quienes sellaron el acuerdo por 7,2 millones de dólares, lo que equivalía a menos de dos centavos por acre. Aunque en Rusia se criticó la operación como una traición hecha a espaldas del pueblo, en Estados Unidos tampoco hubo entusiasmo: el Senado aprobó la compra por un estrecho margen y la prensa la ridiculizó, llamándola “la locura de Seward” y describiendo a Alaska como un desierto helado sin valor.


La firma del tratado de cesión de Alaska el 30 de marzo de 1867. De izquierda a derecha: Robert S. Chew, William H. SewardWilliam Hunter, Vladímir Bodisco, Eduard de StoecklCharles Sumner y Frederick W. Seward.

La historia pronto desmintió esas percepciones. A finales del siglo XIX, el descubrimiento de oro en el Yukón transformó a Alaska en un imán de aventureros y fortunas. Poco después, su potencial pesquero y la explotación de vastas reservas de petróleo y gas lo convirtieron en un territorio vital para la economía estadounidense. Más allá de los recursos, la ubicación estratégica de Alaska le otorgó una importancia creciente en la geopolítica del siglo XX: durante la Segunda Guerra Mundial fue un corredor de suministros hacia la Unión Soviética y, en la Guerra Fría, se transformó en la primera línea de defensa frente a Moscú, con bases aéreas y radares que aún hoy son esenciales.

Lejos de la imagen de “tierra perdida” con la que fue vendida, Alaska se convirtió en una de las adquisiciones más rentables de la historia moderna. Para Rusia, en cambio, sigue siendo un símbolo de oportunidad desperdiciada. Que hoy sea el escenario elegido para encuentros diplomáticos no es casual: recuerda un pasado en común y una decisión que, tomada en un contexto de crisis y desconfianza, marcó el rumbo de las relaciones entre dos potencias llamadas a encontrarse una y otra vez en la historia.