
En Bolivia, un nombre empieza a resonar con fuerza en el escenario político: Luis Fernando Lara, conocido popularmente como el “Capitán Lara”. Este exoficial del Ejército, con un estilo directo y un tono de confrontación, se ha posicionado como uno de los fenómenos electorales más llamativos de los últimos años. Su irrupción no proviene de los partidos tradicionales ni de los circuitos políticos habituales, sino de un terreno inesperado: las redes sociales.
El Capitán Lara ha encontrado en TikTok su principal plataforma de comunicación política, publicando videos breves, virales y cargados de un mensaje nacionalista, anticorrupción y con críticas duras a la clase dirigente. Sus publicaciones han captado la atención de miles de jóvenes, un electorado que suele mostrarse distante de la política formal y que ahora encuentra en él un referente alternativo.
Lara construye su identidad en torno a la idea de ser un outsider, alguien que no pertenece a la política tradicional y que busca “limpiar” las instituciones del país. Su estética militar, reforzada por su trayectoria como oficial, le otorga una imagen de autoridad y disciplina, dos atributos que muchos de sus seguidores consideran esenciales frente a la crisis política que atraviesa Bolivia. La promesa de mano dura contra la corrupción se ha convertido en uno de los ejes de su narrativa.
La figura del Capitán Lara recuerda a otros fenómenos regionales, como Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina, líderes que irrumpieron en la política con un discurso disruptivo y el uso eficaz de redes sociales. En ese sentido, su ascenso no parece un hecho aislado, sino parte de una tendencia latinoamericana que combina carisma, populismo digital y promesas de cambio radical.
La plataforma TikTok, asociada mayormente al entretenimiento, se ha convertido en el trampolín de Lara. Su equipo maneja con destreza los códigos de la red: mensajes simples, lenguaje cotidiano y un estilo visual que facilita la viralidad. El resultado ha sido una rápida expansión de su influencia, especialmente entre los jóvenes urbanos que desconfían de los partidos tradicionales.
El uso político de TikTok en Bolivia no solo refleja un cambio de herramientas, sino también un cambio generacional en la forma de consumir política. Los discursos largos y las campañas tradicionales pierden terreno frente a clips de un minuto cargados de emoción, música de fondo y frases contundentes. Lara ha sabido capitalizar esa lógica y presentarse como la voz de quienes sienten que el sistema no les representa.
El avance del Capitán Lara ha encendido alarmas en las élites políticas bolivianas. Tanto en el oficialismo como en la oposición clásica se percibe con recelo el crecimiento de una figura que no responde a las lógicas de negociación y estructura partidaria. Para algunos, su popularidad digital es una moda pasajera; para otros, representa una amenaza seria a la estabilidad de los bloques políticos consolidados.
Las críticas a su figura se centran en la simplificación de los problemas estructurales y en el riesgo de militarizar el discurso político. Sus opositores señalan que ofrecer mano dura y promesas rápidas no es suficiente para resolver problemas como la pobreza, la desigualdad o la fragmentación del sistema de partidos. Sin embargo, ese mismo estilo directo es lo que atrae a muchos ciudadanos cansados de años de promesas incumplidas.
El caso del Capitán Lara no se entiende únicamente dentro de Bolivia. Su ascenso conecta con un fenómeno global de políticos outsiders que logran crecer en escenarios de desencanto social, apoyándose en plataformas digitales como su principal arma de comunicación. En América Latina, esta tendencia ha dejado huellas recientes en países donde la política tradicional perdió legitimidad.
Además, el fenómeno boliviano revela cómo los nuevos liderazgos se construyen desde la viralidad, un recurso que permite desafiar estructuras partidarias con pocos recursos económicos. La capacidad de Lara para instalarse en la agenda pública sin depender de los medios convencionales muestra la transformación radical del campo político.
🚨🇧🇴 | El "capitán" Lara, ex-policía y anticorrupción, ganó popularidad tras denunciar a sus superiores en TikTok. Se unió a Rodrigo Paz como vicepresidente, impulsando su candidatura a la segunda vuelta. Sin pasado político, Lara representa una alternativa fresca en la política. pic.twitter.com/0C4tuX3X0Y
— El Capital Diario (@ElCapitalDiary) August 25, 2025
El ascenso del Capitán Lara plantea un dilema para Bolivia: por un lado, ofrece una salida novedosa al desencanto ciudadano; por otro, introduce riesgos de consolidar liderazgos autoritarios bajo una fachada digital. Su éxito inicial en TikTok no garantiza un triunfo electoral, pero sí confirma un terreno fértil para figuras que aprovechan la crisis de confianza en la política tradicional.
A mediano plazo, el desafío para el país será determinar si este tipo de liderazgos logran traducirse en proyectos de gobierno viables o si terminan siendo expresiones pasajeras de un malestar social profundo. Lo cierto es que el fenómeno del Capitán Lara evidencia un cambio en las reglas del juego político y anticipa que el futuro de la política boliviana se definirá también en el terreno digital.