
Como viene ocurriendo desde abril del año pasado, la foto de julio volvió a confirmar una tendencia clara: cada vez más argentinos arman valijas para viajar al exterior, mientras que menos turistas extranjeros eligen venir al país. El saldo, medido en dólares, es negativo para la economía local: salen más divisas de las que ingresan.
De acuerdo a los datos difundidos por el INDEC, en julio 843.100 argentinos viajaron al exterior con fines de paseo, compras o visitas familiares. En contrapartida, 427.200 turistas extranjeros ingresaron al país. La diferencia refleja una brecha que se viene ampliando mes a mes.
La magnitud del fenómeno se confirma al comparar con los registros previos: el turismo emisivo creció 26,5% interanual, mientras que el receptivo se desplomó 16% en relación a julio de 2024. En términos históricos, incluso superó al “junio récord” del último informe oficial.
El atractivo de los países vecinos explica buena parte del fenómeno. Siete de cada diez turistas argentinos (70,2%) eligieron destinos limítrofes, principalmente:
El tipo de cambio favorable, la cercanía y la mayor oferta de productos a precios competitivos funcionan como imanes que alimentan tanto el turismo de ocio como los tours de compras.
Del otro lado de la balanza, el 76,3% de los visitantes extranjeros provino de países limítrofes. Los más destacados fueron Brasil, que representó el 32,3%, y Uruguay, con el 21,3%. Sin embargo, el flujo no alcanza a compensar la salida de argentinos hacia el exterior.
Más allá del número de pasajeros, la clave está en los dólares. El turismo emisivo implicó una salida de USD 576,6 millones, mientras que el receptivo aportó apenas USD 32 millones a la economía local.
La diferencia es abrumadora: por cada dólar que entró, casi veinte salieron. Y los analistas advierten que esto es apenas una foto parcial, ya que las cifras más completas se conocerán cuando el Banco Central publique su balance cambiario.
El desequilibrio preocupa. Según la consultora Equilibra, este año podría cerrar con un déficit en turismo de USD 10.000 millones medido por las cuentas del Banco Central. El número podría estirarse hasta USD 12.000 millones si se toma la medición más amplia del balance de pagos que releva el INDEC.
La consecuencia es clara: mientras Argentina pierde divisas que solían aportar los visitantes internacionales, al mismo tiempo aumenta la presión por la salida de recursos producto del gasto de los argentinos en otros países.
En un contexto en el que el Gobierno busca cuidar cada dólar que ingresa, el turismo se convierte en una cuenta pendiente. La tendencia de los últimos meses refleja una economía doméstica que no logra seducir a los extranjeros, mientras que los locales, incentivados por el cambio y los precios de los países vecinos, siguen mirando hacia afuera.