
La ciudad de Minneapolis quedó sacudida por una tragedia que reaviva el debate sobre la violencia armada en Estados Unidos. Durante una misa matinal en la Annunciation Catholic School, un hombre joven vestido de negro abrió fuego contra estudiantes y feligreses, dejando un saldo de tres muertos -incluido el atacante- y al menos 17 heridos. Entre las víctimas fatales se encuentran dos niños de 8 y 10 años.
El tirador, que portaba una escopeta, un rifle y una pistola, disparó desde el exterior de la iglesia a través de las ventanas. La violencia irrumpió en lo que debía ser un espacio de recogimiento espiritual, desatando el pánico entre los asistentes. Tras causar la masacre, el agresor se quitó la vida, poniendo fin a un ataque que apenas duró unos minutos pero dejó una huella imborrable en la comunidad.
Las autoridades locales reaccionaron con indignación y dolor. El jefe de policía Brian O’Hara calificó el hecho como “un acto de violencia deliberada contra niños inocentes y personas en oración… una crueldad y cobardía incomprensibles”. El alcalde Jacob Frey se unió a las condenas, asegurando que la ciudad hará todo lo posible por apoyar a las familias de las víctimas y reforzar la seguridad escolar.
Desde Washington, el presidente Donald Trump confirmó que tanto el FBI como el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) están involucrados en la investigación. El mandatario expresó sus condolencias a las familias y prometió que “los responsables de fomentar esta violencia enfrentarán consecuencias”.
El tiroteo no ocurrió en un vacío. Minneapolis ha registrado una oleada de violencia armada en los últimos días: solo desde el martes se contabilizaron tres incidentes más, con un saldo de seis muertos y siete heridos adicionales. Aunque las autoridades aclaran que estos hechos no están relacionados entre sí, el clima de inseguridad preocupa a la población.
El aumento de asesinatos en la ciudad se arrastra desde 2020, en parte como consecuencia de disturbios sociales, crisis económicas y falta de personal en la policía. En 2024 se registraron 54 homicidios, cifra inferior al pico de 2021 (71) pero todavía muy por encima de los niveles de 2019 (29). Esta tendencia refleja una problemática estructural que no se limita a Minneapolis, sino que atraviesa a gran parte del país.
El ataque en la Annunciation Catholic School reabre la discusión sobre el control de armas en Estados Unidos. Minnesota, pese a tener históricamente una tasa de muertes por armas inferior al promedio nacional, no escapa a esta violencia recurrente. La presencia de rifles de asalto y escopetas en manos de civiles vuelve a estar en el centro del debate legislativo.
Defensores del control más estricto señalan que los tiroteos en escuelas son la consecuencia más dramática de un sistema que permite un acceso casi irrestricto a armas de alto poder. Por su parte, sectores más conservadores insisten en que la clave está en reforzar la seguridad y los controles de antecedentes, sin limitar el derecho constitucional a portar armas.
La comunidad católica de Minneapolis está de luto. La escuela y la iglesia afectadas organizaron vigilias en memoria de los niños fallecidos, mientras psicólogos y equipos de apoyo trabajan para contener a estudiantes y familias. El trauma de este episodio se suma al de tantas otras comunidades en Estados Unidos que han atravesado tragedias similares.
Más allá del debate político, el dolor y la indignación son palpables en las calles de Minneapolis. Vecinos, padres y docentes reclaman acciones concretas para evitar que hechos como este se repitan, recordando que la seguridad de los niños debería ser una prioridad innegociable.
❗️Ataque com arma de fogo em colégio católico de Mineápolis (Minnesota, EUA) deixou um morto e seis feridos durante as aulas
— RT Brasil (@rtnoticias_br) August 27, 2025
📌 Detalhes em atualização: https://t.co/JoJEKJWNLS pic.twitter.com/yMsYNBs1yA
El tiroteo en la Annunciation Catholic School es un recordatorio brutal de la vulnerabilidad de los espacios educativos frente a la violencia armada. Más allá de las banderas políticas, el desafío es encontrar un equilibrio entre la tradición de derechos constitucionales y la urgencia de proteger vidas inocentes. Cada nueva tragedia escolar demuestra que el tiempo corre en contra y que el costo humano es demasiado alto.
Estados Unidos enfrenta una encrucijada: mantener el statu quo o emprender reformas profundas en seguridad y control de armas. Lo sucedido en Minneapolis será, sin duda, un punto de inflexión en esa discusión.