30/08/2025 - Edición Nº935

Internacionales

Crisis prolongada

Bangladesh: el drama invisible de los jóvenes rohinyás

27/08/2025 | La falta de oportunidades, el abandono internacional y la represión en Myanmar empujan a miles de jóvenes refugiados hacia la violencia como salida desesperada.



En los campamentos de refugiados de Cox’s Bazar, en Bangladesh, la desesperanza se ha vuelto norma para miles de jóvenes rohinyás. Ocho años después del éxodo provocado por la represión militar en Myanmar, la mayoría de quienes eran niños en 2017 hoy alcanzan la adultez sin perspectivas reales de trabajo, educación o retorno. En este vacío de futuro, grupos armados ofrecen una narrativa de resistencia que gana cada vez más adeptos entre los más vulnerables.

Aunque no existen señales de una insurgencia masiva en los campamentos, las conversaciones discretas entre refugiados revelan un creciente apoyo a la idea de que la vía armada es la única salida posible. “Mi primo cruzó a Myanmar para unirse a un grupo; nunca volvió”, cuenta un joven de Kutupalong, el mayor de los asentamientos rohinyás en el mundo. Estos relatos muestran cómo la falta de alternativas empuja a sectores cada vez más amplios a contemplar la violencia como herramienta de justicia.

El peso de la frustración

La prohibición de trabajar legalmente en Bangladesh y la dependencia absoluta de una ayuda humanitaria cada vez más reducida generan un clima de frustración colectiva. Organismos como GAGE han documentado altos niveles de ansiedad y depresión entre adolescentes y jóvenes, un terreno fértil para la radicalización. La falta de educación formal y el deterioro de la salud mental se combinan como detonantes silenciosos que agravan la crisis.

La inseguridad dentro de los campamentos añade otra capa de presión. Extorsiones, asesinatos selectivos y disputas entre facciones armadas han convertido a estos espacios en territorios frágiles donde la vida cotidiana está marcada por el miedo. Para algunos, unirse a grupos militantes es visto incluso como una forma de protección.

Fragmentación y nuevas alianzas

Hasta hace poco, grupos rohinyás como el Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA) y la Rohingya Solidarity Organization (RSO) mantenían disputas violentas entre sí. Sin embargo, el avance del Arakan Army (AA), una insurgencia budista que controla gran parte del estado de Rakhine, ha forzado a estas organizaciones a replantear estrategias y, en algunos casos, a cooperar. Esta convergencia podría intensificar el riesgo de una escalada armada transfronteriza.

El peligro radica en que, aun si los jóvenes se suman a estas filas, la insurgencia difícilmente podrá revertir el dominio militar en Myanmar, lo que dejaría a toda una generación atrapada en una espiral de violencia sin salida política real.

Responsabilidad internacional

La comunidad internacional, tras una oleada inicial de atención en 2017, ha reducido progresivamente su compromiso con la causa rohinyá. La fatiga humanitaria, las crisis globales y la falta de consenso diplomático relegaron la situación a un segundo plano. Este abandono alimenta la sensación de que los rohinyás fueron condenados a un limbo perpetuo, sin patria ni derechos.

Diversos analistas coinciden en que la única manera de frenar la radicalización es ofrecer alternativas tangibles: acceso a educación de calidad, permisos de trabajo, seguridad dentro de los campamentos y perspectivas claras de repatriación voluntaria y segura. Sin ello, el ciclo de desesperanza seguirá nutriendo a los grupos armados.


Mujeres rohinyá hacen fila para comprar lentejas, arroz y productos frescos con cupones electrónicos en un supermercado del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en el campo de refugiados de Kutupalong, en Cox's Bazar, Bangladesh, en marzo de 2025. (Crisis Group/Margarite Clarey). 

Sin futuro

Más que un fenómeno aislado, la inclinación de los jóvenes rohinyás hacia la insurgencia es el síntoma de una crisis estructural prolongada que mezcla represión, abandono y falta de horizontes. La insurgencia no es un objetivo en sí mismo, sino una consecuencia de la ausencia de soluciones políticas y humanitarias.

La pregunta central ya no es si algunos rohinyás optarán por las armas, sino cuántos más lo harán si el mundo sigue mirando hacia otro lado. El futuro de esta comunidad depende de que se reemplacen las narrativas de violencia por caminos de dignidad y justicia.