
Francia atraviesa una de sus peores crisis políticas de las últimas décadas. El primer ministro François Bayrou, en lugar de aportar soluciones, ha terminado profundizando la inestabilidad con un plan de ajuste fiscal impopular y mal diseñado. Con un déficit creciente y sin mayoría parlamentaria, Bayrou decidió jugarse su supervivencia en una votación de confianza prevista para el 8 de septiembre. Todo indica que perderá.
El plan, que contempla recortes por 44 mil millones de euros, ha sido recibido como una provocación por parte de sindicatos, oposición y hasta sectores moderados que advierten sobre sus efectos sociales. Mientras tanto, el gobierno se muestra incapaz de construir consensos y opta por imponer medidas que agravan el malestar ciudadano.
La respuesta de los mercados ha sido inmediata. El índice CAC 40 se desplomó más de un 2%, con caídas particularmente duras en los bancos como BNP Paribas y Société Générale, que retrocedieron más de un 6%. A esto se suma el aumento de los rendimientos de los bonos a 10 años hasta el 3,5%, lo que encarece la deuda pública y eleva la prima de riesgo frente a Alemania. La política errática de Bayrou está costándole caro a Francia en términos de confianza económica.
Empresarios de primer nivel, como Alexandre Bompard, CEO de Carrefour, advirtieron que la situación puede llevar al país de regreso a la recesión. El propio MEDEF, el mayor grupo empresarial francés, calificó la crisis como un ejemplo de "gran irresponsabilidad política". Lejos de generar estabilidad, Bayrou ha provocado una tormenta que amenaza con arrastrar al tejido productivo.
La falta de legitimidad política de Bayrou se refleja en el rechazo masivo de la oposición. Socialistas, izquierda radical y el partido de extrema derecha de Marine Le Pen han anunciado que votarán en contra de la moción de confianza. En paralelo, las encuestas muestran que entre un 56% y 69% de la población apoya elecciones anticipadas, señal de que la ciudadanía ha perdido la fe en el actual gobierno.
El riesgo no es solo político. El ministro de Finanzas, Éric Lombard, llegó a mencionar la posibilidad de acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) si no se logra estabilizar la situación. Esta hipótesis, inédita en un país como Francia, sería un golpe devastador al prestigio europeo del país y prueba irrefutable de la mala gestión de Bayrou.
François Bayrou prometió disciplina y orden, pero su legado hasta ahora es de división, fragilidad y caos. Su incapacidad para articular consensos, su apuesta por la austeridad sin respaldo social y su falta de visión política han puesto a Francia en un escenario de alto riesgo.
Hoy, la pregunta que domina en París no es si Bayrou podrá resistir, sino cuánto daño más hará a la economía y a la democracia francesa antes de caer. Francia necesita un nuevo rumbo político, uno que devuelva estabilidad y confianza a un país que no puede permitirse seguir en manos de un liderazgo fallido.