
La política exterior del Caribe acaba de entrar en un terreno inédito. La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, anunció que su país permitirá el acceso inmediato de fuerzas estadounidenses si Venezuela llegara a atacar a Guyana. El mensaje no solo apunta a Caracas, sino también a la reconfiguración del equilibrio de poder en el Caribe, tradicionalmente caracterizado por la neutralidad y el consenso dentro de CARICOM.
El pronunciamiento se dio en paralelo al despliegue naval de Estados Unidos en la región, con buques de guerra y un submarino nuclear destinados a combatir el narcotráfico y lo que Washington define como “narcoterrorismo”. Persad-Bissessar justificó la medida señalando que Trinidad lleva décadas siendo víctima del crimen transnacional y carece de recursos para enfrentarlo. “No hay que temer a la ley si no provocas”, declaró al defender el respaldo a la presencia militar estadounidense.
La decisión generó un sismo diplomático dentro de la Comunidad del Caribe (CARICOM). Hasta ahora, los pequeños Estados insulares habían buscado mantener un perfil de neutralidad frente a las grandes potencias, pero Trinidad decidió actuar por cuenta propia sin consultar a sus socios regionales. Esto abre un nuevo escenario de división en el bloque, con Guyana apoyando cautelosamente la iniciativa y otros países manteniendo silencio estratégico.
Para muchos analistas, este movimiento convierte a Trinidad en un pivote geopolítico: al mismo tiempo que afianza su papel como potencia energética regional, se erige como plataforma de seguridad de Estados Unidos en una zona clave para las rutas marítimas y los recursos naturales.
El mensaje de Port of Spain también envía una advertencia a Caracas. Venezuela no solo mantiene una histórica disputa territorial con Guyana sobre el Esequibo, sino que además enfrenta crecientes sanciones internacionales y un aislamiento diplomático que ahora se extiende al Caribe. En este contexto, la apertura de Trinidad a Washington limita la capacidad de maniobra de Nicolás Maduro en la región.
A ello se suma la inquietud de Irán, que ha buscado estrechar lazos con Caracas y expandir su influencia en el Caribe. Con la entrada en escena de un corredor militar bajo supervisión estadounidense, Teherán también queda en desventaja, lo que refuerza la idea de que la jugada de Trinidad excede lo local y tiene proyección global.
La primera ministra de Trinidad y Tobago le responde al narcoterrorista Diosdado Cabello tras sus críticas por aliarse con EEUU: "No me disculpo por mantenerme firme contra el narcotráfico y el contrabando de armas". pic.twitter.com/pKqucQ9ajp
— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) August 27, 2025
El anuncio de Kamla Persad-Bissessar es mucho más que un gesto político: es una ruptura con la tradición de neutralidad caribeña y una apuesta clara por alinearse con Washington en un momento de máxima tensión regional. Para Estados Unidos, significa ganar una base de confianza en el corazón del Caribe; para Trinidad, una oportunidad de blindar su seguridad y aumentar su relevancia internacional.
El Caribe ya no es un espacio periférico: con el Corredor de Zangezur en Eurasia y el despliegue en Trinidad, los puntos estratégicos del mundo se están redefiniendo. Y Port of Spain acaba de convertirse en una pieza inesperada de la nueva geopolítica global.