
La irrupción simultánea de Iván Cepeda en la izquierda y de Miguel Uribe Londoño en la derecha ha alterado de forma inmediata el tablero político colombiano. Ambos nombres, con trayectorias muy distintas pero cargados de simbolismo, aparecen como figuras capaces de movilizar sectores claves del electorado en un contexto altamente polarizado. Su protagonismo no solo redefine las coordenadas de la contienda, sino que además presiona a las fuerzas de centro y derecha a tomar decisiones rápidas.
La política colombiana vive un momento en el que los liderazgos históricos conviven con nuevos rostros emergentes, generando tensiones y oportunidades. La centroderecha, fragmentada desde hace varios años, enfrenta ahora la necesidad de consolidar una candidatura única si quiere tener opciones reales en las elecciones presidenciales de 2026. La presión es evidente y las negociaciones internas han comenzado a intensificarse.
La figura de Álvaro Uribe Vélez, pese a la reciente condena judicial que aún enfrenta en apelación, sigue siendo un factor determinante. Su decisión de volver al activismo político en plena libertad condicional reactivó al uribismo y le dio respaldo a la candidatura de Miguel Uribe Londoño, padre del senador asesinado Miguel Uribe Turbay. Para amplios sectores de la derecha, este relevo representa la continuidad de un legado político que aún conserva fuerza en las regiones.
El reto radica en que la presencia de Uribe polariza tanto como moviliza. Si bien mantiene un núcleo fiel de seguidores, también despierta fuertes rechazos que complican la construcción de alianzas más amplias. La centroderecha enfrenta el dilema de hasta qué punto debe abrazar el uribismo como eje de su estrategia o buscar una narrativa más moderada que le permita crecer hacia votantes independientes.
En el otro extremo del espectro, la precandidatura de Iván Cepeda sacudió al Pacto Histórico. El senador, reconocido por su papel como víctima en el caso judicial contra Uribe, decidió dar un paso al frente para representar una línea más dura dentro de la izquierda. Su candidatura no solo es un desafío para el propio bloque progresista, sino también un símbolo de resistencia frente a los sectores que buscan deslegitimar los procesos judiciales contra figuras del uribismo.
El movimiento de Cepeda introduce un nuevo factor de tensión en la coalición gobernante. A la presencia de Daniel Quintero, exalcalde de Medellín imputado por corrupción pero con fuerte base de apoyo, se suma ahora una candidatura con alto peso moral y testimonial. La izquierda enfrenta así su propio proceso de fragmentación, en el que las candidaturas múltiples pueden convertirse tanto en un signo de vitalidad como en una amenaza de división electoral.
El surgimiento de candidaturas fuertes en la izquierda obliga a la centroderecha a acelerar conversaciones sobre una coalición sólida. La aparición de Uribe Londoño genera un punto de confluencia, pero no resuelve por sí sola la atomización que ha caracterizado a este sector en los últimos años. Partidos tradicionales, movimientos independientes y líderes regionales deberán decidir si convergen en un proyecto común o si mantienen apuestas individuales con menos posibilidades.
El tiempo juega en contra. Con las elecciones a menos de un año, la ventana para definir un candidato unitario es estrecha. La estrategia de la centroderecha se debate entre competir con una sola voz o repetir el error de 2022, cuando la división interna favoreció el triunfo del Pacto Histórico. La urgencia de un acuerdo nacional es hoy más evidente que nunca.
Si la centroderecha logra unirse en torno a una candidatura fuerte, el panorama electoral se volverá altamente competitivo. Una coalición amplia podría disputar con fuerza la primera vuelta y poner en aprietos a la izquierda, que en este momento aparece dividida entre varias figuras. En cambio, si la unidad fracasa, la elección podría encaminarse a una reedición del escenario de fragmentación, con la izquierda en ventaja.
Para los analistas, el pulso entre Cepeda y Uribe Londoño no se reduce a dos nombres, sino que representa la lucha entre dos relatos históricos en Colombia: el de la justicia transicional y la memoria de las víctimas frente al de la seguridad democrática y el orden institucional. El desenlace dependerá de la capacidad de ambos bloques para organizar sus fuerzas en los meses venideros.
#ATENCIÓN | 🚨 Sobre la base de la seguridad, el dirigente Miguel Uribe Londoño, padre del fallecido senador Miguel Uribe, formalizó su precandidatura por el Centro Democrático. Pide unidad y advierte que no habrá exclusión ⬇️ pic.twitter.com/QjWKpIqyzF
— El Colombiano (@elcolombiano) August 26, 2025
El escenario colombiano se encamina hacia una campaña marcada por la polarización y la urgencia de alianzas. La irrupción de Cepeda y Uribe Londoño obliga a la centroderecha a tomar decisiones inmediatas, mientras el Pacto Histórico lidia con su propia dispersión. La construcción de candidaturas únicas será decisiva en la definición de 2026.
En este contexto, lo que está en juego no es solo la continuidad de un proyecto político, sino también la orientación misma del país en un ciclo de cambios profundos. La capacidad de cada bloque para unirse o fragmentarse definirá el futuro inmediato de la democracia colombiana.