
Cierra una semana complicada para el Gobierno, marcada por la fuerte volatilidad del dólar y la presión cambiaria que obligó al Banco Central a redoblar su intervención en el mercado.
La rueda de hoy fue un fiel reflejo de ese clima: el dólar mayorista arrancó en $1.310, trepó hasta los $1.350 pasado el mediodía y terminó en $1.342, lo que significó un alza de $21, el mismo ajuste que había tenido la semana anterior.
La tensión no se limitó al mercado oficial. Los dólares financieros acompañaron el movimiento con oscilaciones constantes: el MEP terminó en $1.347 (+0,3%) y el contado con liquidación (CCL) en $1.352 (+0,4%). El blue, en cambio, cerró a $1.345, apenas por debajo de los $1.350 de la jornada previa.
Toda la artillería del Central
En este escenario, el BCRA puso en marcha sus mecanismos de intervención. No solo operó de manera indirecta en el mercado a través de contratos de dólar futuro, sino que además publicó una nueva normativa que despertó fuerte malestar en los bancos.
La medida apunta a cortar de raíz las operaciones de carry trade —es decir, la apuesta de corto plazo de entidades y fondos para aprovechar rendimientos en pesos y luego dolarizarse—, al menos hasta después de las elecciones.
El punto más sensible, que comienza a regir de inmediato, obliga a que las entidades no se conviertan en demandantes netos de dólares en el mercado spot en caso de que el Central no renueve su posición en futuros a fin de mes.
A partir de ahora, los bancos deberán calcular y reportar diariamente su posición en dólares. Antes, ese seguimiento se realizaba con menos frecuencia, lo que dejaba cierto margen de maniobra. La decisión oficial, sin embargo, estrecha aún más el cerco sobre las entidades financieras.
“Es un endurecimiento fuerte, sobre todo porque corta la posibilidad de arbitrar con instrumentos en pesos y dólares justo en plena campaña electoral”, comentaban en el mercado.
El endurecimiento de las regulaciones se da en un contexto de máxima sensibilidad política. Con las elecciones cada vez más cerca, el equipo económico busca evitar un salto brusco del dólar que pueda trasladarse a los precios y tensionar aún más la campaña.
Sin embargo, la semana dejó una señal clara: la volatilidad cambiaria sigue presente. Los saltos de hasta $40 en pocas horas exponen un mercado en estado de alerta, donde cada movimiento del BCRA se sigue al detalle.
En este marco, el control diario a los bancos se convierte en una muestra de fuerza del Central, pero también en un recordatorio de la fragilidad del esquema. El desafío para el Gobierno será sostener la calma en las próximas semanas, en medio de la incertidumbre electoral y la mirada atenta de los inversores.