
Francisco Cerúndolo no solo perdió un partido en el US Open. Perdió algo más profundo: la ilusión de que el tenis argentino aún pueda tener esperanzas de encontrar nuevamente un jugador Top Ten o, al menos, uno con el peso suficiente de pelearle mano a mano a las mejores raquetas del mundo.
Su derrota ante el suizo Leandro Riedi, número 435 del mundo, fue un golpe anímico. Ganaba dos sets a cero y terminó cayendo 3-6, 4-6, 6-4, 6-4 y 6-2. Pero lo más fuerte llegó después, en diálogo con algunos periodistas argentinos en Nueva York.
“Estamos en un proceso donde no hay ningún Del Potro, ningún Nalbandian, ningún Coria. Somos jugadores que estamos del veinte para atrás. No hay ninguno que esté Top Ten, que haya ganado un Masters 1000 o que haya hecho semifinales de Grand Slam. Es la realidad, y hay que aceptarla para poder mejorar.”
La frase, cruda y sin maquillaje, expone una verdad incómoda: en su opinión, el recambio generacional no logró consolidar figuras ni resultados de alto impacto. Cerúndolo, que supo alcanzar semifinales en Madrid y Hamburgo este año, aún no ha superado los octavos de final en torneos grandes. Y en la Gran Manzana volvió a tropezar con un rival de menor jerarquía.
El encuentro ante el italiano, correspondiente a la segunda ronda de Flushing Meadows, fue una montaña rusa. Y así como en el debut logró recuperarse de dos sets en contra, en este match sucedió todo lo contrario. “En los primeros dos sets estuve bastante sólido. Él no estaba jugando muy bien, pero yo estaba haciendo mi partido”, explicó. Pero todo cambió en el tercer set: “Cuando me recuperó un quiebre, empezó a ser mucho más agresivo. Sentí que el partido dependía de él, porque tomaba el riesgo todo el tiempo”.
Más allá del resultado, Cerúndolo valoró haber competido sin dolores físicos, tras semanas de molestias. “Ojalá pueda reencontrarme con el tenis que tuve en la primera mitad del año”, dijo. Pero el tono general fue de frustración, no solo personal sino colectiva. Quizá influenciada por el bajón de este certamen, pero también es la sensación real de que pueden igualar a la vieja legión.
Con esta eliminación, Argentina se quedó sin representantes en singles en la segunda semana del US Open por primera vez desde 2015. El cierre de Cerúndolo deja una doble lectura: la urgencia por dar un salto de calidad y la necesidad de revisar el legado con honestidad. Ahora, con la Copa Davis encima, la tarea del capitán Javier Frana será levantar anímicamente a los tenistas, que pese a los últimos tropiezos no han tenido un mal año en torneos de menor categoría.