
El próximo domingo, Corrientes será escenario de una elección clave que trasciende los límites provinciales. Lo que está en juego no es solo la sucesión de Gustavo Valdés, sino también la capacidad de Karina Milei y los Menem para sostener su estrategia electoral después del escándalo de las supuestas coimas en la Andis.
Lejos de unificar fuerzas con el oficialismo radical, el “Karinismo” decidió competir en soledad con Lisandro Almirón, apostando a “pintar el país de violeta”. La jugada no solo desató cortocircuitos con Santiago Caputo, sino que también dejó en evidencia que la interna libertaria pesa más que cualquier cálculo de poder territorial.
Los números de las encuestas son un golpe duro: Juan Pablo Valdés lidera con comodidad, mientras que el candidato libertario aparece relegado al cuarto lugar, incluso por debajo del peronismo correntino. Una derrota de este calibre no solo cuestiona la estrategia de Karina, sino que debilita la influencia de los Menem en la mesa chica.
En paralelo, la sombra del escándalo por las coimas sigue condicionando cada movimiento. La “Hermanísima” y Eduardo “Lule” Menem quedaron señalados en los audios que recorren despachos y medios, y la falta de respaldo digital del sector de Caputo mostró la fractura interna con crudeza.
Lo que ocurra en Corrientes marcará el tono de las próximas batallas electorales. Un mal resultado dejará al descubierto las limitaciones de una estrategia cerrada en sí misma y sin aliados, y al mismo tiempo, abrirá la puerta para que Caputo reclame mayor control en la toma de decisiones.
En un clima de denuncias cruzadas, internas sin resolver y militancia golpeada, los libertarios llegan al domingo con un riesgo claro: que la primera elección provincial del ciclo Milei se convierta en la primera gran derrota del “Karinismo”.
DM