La inteligencia israelí ha presentado nuevas pruebas que vinculan directamente a Yahya Sinwar, jefe de Hamás en Gaza, con la masacre del 7 de octubre. Según un informe difundido por el medio Ynet, se hallaron manuscritos y grabaciones de voz que confirman la existencia de órdenes explícitas para asesinar civiles, incendiar viviendas y grabar los ataques. La evidencia fue recopilada por la unidad 8200 del Ejército israelí, especializada en interceptaciones electrónicas y análisis de comunicaciones.
El hallazgo coincide con la hipótesis que Israel sostiene desde hace un año: los ataques no fueron un exceso individual de combatientes, sino una operación planificada, coordinada y aprobada por el máximo liderazgo de Hamás. El manuscrito, escrito en árabe y atribuido a Sinwar, detalla los pasos a seguir durante la incursión, incluyendo el uso de gasolina y diésel para incendiar casas y la instrucción de "matar a todo lo que se mueva".
Según fuentes militares citadas por Ynet, las grabaciones de voz interceptadas confirman las directrices del documento. En una de ellas, se escucha a un comandante de Hamás ordenando: “Empiecen a quemar casas... quiero ver el kibutz en llamas”. En otras, se dan instrucciones para capturar civiles, destruir propiedades y transmitir las imágenes en redes sociales, con el fin de generar terror y humillación. Estas pruebas, afirman los investigadores, derriban la narrativa de que el 7 de octubre fue un acto de resistencia y lo ubican como un crimen planificado.
Expertos en caligrafía y lingüística árabe, consultados por el ejército israelí, determinaron que la escritura del manuscrito coincide con la de Yahya Sinwar, reforzando su autenticidad. Las autoridades aseguran que el documento será incorporado en los expedientes judiciales internacionales que buscan establecer responsabilidad directa del liderazgo de Hamás por crímenes de guerra.

El hallazgo llega en un momento clave, cuando Israel enfrenta críticas internacionales por la magnitud de su respuesta militar en Gaza. Para Jerusalén, esta evidencia no solo justifica las operaciones, sino que expone la naturaleza terrorista del régimen de Hamás, cuya estrategia se basa en atacar civiles mientras se escuda tras infraestructuras civiles. “Cada documento, cada grabación demuestra que nuestro enemigo no busca coexistencia, sino exterminio”, declaró un portavoz del gobierno israelí.
A nivel diplomático, la información podría modificar la narrativa internacional. La autenticidad del manuscrito y las grabaciones sitúan a Sinwar en el centro de la responsabilidad penal, lo que daría fundamento a futuros juicios por delitos de lesa humanidad. Además, refuerza la posición de Israel en foros como la ONU y la Corte Internacional de Justicia, donde se debate la legitimidad de sus acciones de defensa.

La revelación debilita el prestigio interno de Hamás y muestra fracturas dentro de su estructura de mando. Fuentes de inteligencia sugieren que algunos cuadros medios, horrorizados por las consecuencias del 7 de octubre, han comenzado a filtrar información al exterior. La captura de nuevos documentos en Rafah y Khan Younis podría ampliar el mapa de responsabilidades, comprometiendo a otros líderes políticos y militares del grupo.
Israel, por su parte, considera que la exposición pública de estas pruebas es una herramienta estratégica tanto como militar. Al revelar la brutalidad y premeditación de los ataques, el gobierno busca no solo legitimidad internacional, sino también respaldo moral frente a quienes intentan equiparar a un Estado democrático con una organización terrorista.
En el tablero geopolítico, estas pruebas reafirman la tesis de que la defensa israelí es una respuesta necesaria frente a un enemigo que niega su existencia. Lejos de ser un conflicto simétrico, el 7 de octubre representó la evidencia más cruda de la intención genocida de Hamás. Hoy, los manuscritos de Sinwar y las grabaciones de la unidad 8200 no solo reconstruyen la historia: confirman por qué Israel no puede bajar la guardia.