21/01/2026 - Edición Nº1079

Internacionales

Seguridad ciudadana

La ley que cambia todo en Portugal: ¿qué implica no ocultar el rostro?

19/10/2025 | El Parlamento aprobó una ley que sancionará el ocultamiento del rostro en espacios públicos, sin distinción de género o religión.



El Parlamento de Portugal aprobó un proyecto de ley que prohíbe el uso de prendas que oculten el rostro en lugares públicos, incluidas aquellas con motivación religiosa como el burka o el niqab. La medida, impulsada por el partido Chega y respaldada por sectores del centroderecha, busca reforzar la seguridad nacional en un contexto de creciente preocupación por la identificación y el control de actividades ilícitas. Las multas podrán alcanzar hasta 4.000 euros, aunque el texto final contempla excepciones por motivos de salud, seguridad laboral o actos religiosos.

La iniciativa se enmarca en una tendencia europea hacia mayores controles de identidad en espacios comunes. En países como Francia, Bélgica y Dinamarca ya existen leyes similares, justificadas bajo la necesidad de garantizar que toda persona pueda ser reconocida por las autoridades en vía pública. En Portugal, el Ejecutivo defiende que la medida no busca discriminar, sino armonizar el derecho a la libertad religiosa con la seguridad colectiva, en un momento donde el uso de tecnologías de reconocimiento facial exige transparencia visual.

Una cuestión de seguridad y convivencia

Según el diputado André Ventura, autor de la propuesta, la ley responde a un principio básico de convivencia: que nadie oculte su identidad en la esfera pública. “La seguridad comienza por la visibilidad”, afirmó durante el debate parlamentario. Argumentó que los servicios policiales enfrentan dificultades para controlar delitos o prevenir ataques cuando las personas pueden cubrir totalmente su rostro, sin que exista una razón justificable. El proyecto, agregó, no prohíbe la religión ni las creencias, sino el anonimato en lugares donde el reconocimiento es esencial.

El texto legal también prevé un marco de proporcionalidad y excepción, que incluye actividades artísticas, festividades culturales o situaciones médicas. De este modo, el Gobierno busca evitar malinterpretaciones o usos arbitrarios de la norma. Para el Ministerio del Interior, la aprobación representa un avance hacia una sociedad más segura y cohesionada, donde la identidad y la transparencia visual sean parte del respeto mutuo entre ciudadanos.

Equilibrio entre libertad y protección

La discusión sobre el burka trasciende lo religioso y entra en el terreno de los derechos y deberes cívicos. Expertos en seguridad pública sostienen que las medidas de identificación son indispensables en espacios concurridos, especialmente en contextos de riesgo terrorista o delincuencial. En palabras del politólogo João Nunes, “ninguna libertad individual puede ser absoluta cuando compromete la seguridad del conjunto social”. Esta perspectiva ha ganado peso entre la opinión pública portuguesa, donde se percibe la iniciativa como un paso hacia la prevención, no la exclusión.

Organizaciones civiles que apoyan la ley argumentan que la medida puede incluso favorecer la integración de las mujeres musulmanas, al promover su participación en la vida pública sin restricciones impuestas por costumbres patriarcales. Aunque el uso del burka es poco frecuente en Portugal, la norma tiene un valor simbólico: reafirmar la igualdad ante la ley y el principio de que ningún individuo está exento del deber de identificarse en el espacio común.


Portugal prohíbe cubrir el rostro en público como medida para reforzar la seguridad.

Una política preventiva, no punitiva

La aprobación de esta ley no busca castigar, sino prevenir escenarios de riesgo y garantizar un marco de confianza entre ciudadanos y Estado. En un mundo donde la desinformación y la radicalización encuentran refugio en el anonimato, la transparencia física también es una forma de seguridad democrática. El gobierno portugués ha señalado que la aplicación será gradual y con especial énfasis en la mediación educativa y comunitaria.

En definitiva, Portugal apuesta por una seguridad incluyente y racional, donde el derecho a la libertad personal convive con el deber de ser reconocible ante los demás. Más que una imposición, la medida se presenta como una invitación a reconstruir la confianza social desde la visibilidad. Como señaló un analista local, “mostrar el rostro no es renunciar a la fe, sino reafirmar que la fe no necesita esconderse”.

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