Víctor Hugo Saldaño, oriundo de Córdoba, es el único argentino condenado a pena de muerte en Estados Unidos. Desde 1996 permanece en el corredor de la muerte en Texas, enfrentando condiciones extremas de aislamiento y un proceso judicial que organizaciones internacionales han denunciado como discriminatorio y racista.

El caso comenzó el 25 de noviembre de 1995, cuando Saldaño y su amigo Jorge Chávez, ambos alcoholizados y drogados, secuestraron a Paul Ray King, un vendedor de computadoras, en el estacionamiento de un supermercado en Plano, Texas.
Lo llevaron a un área boscosa y le dispararon cinco veces para robarle 50 dólares y un reloj. Saldaño fue arrestado con el reloj de la víctima y un arma. Chávez fue condenado a cadena perpetua, mientras Saldaño recibió la pena de muerte.
En 2000, la Corte Suprema de EE.UU. anuló la primera sentencia, al considerarla viciada por racismo, y ordenó un nuevo juicio. Sin embargo, en 2004 fue nuevamente condenado a muerte, bajo el argumento de que representaba un riesgo futuro. Desde entonces permanece en la cárcel Allan B. Polunsky, de máxima seguridad, en aislamiento extremo.
Organizaciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han denunciado el trato a Saldaño, señalando que el corredor de la muerte no es una prisión, sino “un sitio técnico de tortura”, y pidieron su liberación inmediata.
El SADH y su apoderado, Juan Carlos Vega, han solicitado al Estado argentino que gestione ante Estados Unidos la protección de los derechos de Saldaño y la revisión de su caso.
Durante casi tres décadas, Saldaño ha vivido bajo condiciones extremas: aislamiento prolongado, restricciones de contacto, sueño irregular y limitada asistencia médica. Su historia genera debate sobre los límites éticos de la pena de muerte y los derechos humanos de los presos en sistemas judiciales extranjeros.
El caso sigue siendo emblemático, tanto por su duración como por las irregularidades señaladas, y mantiene a las autoridades argentinas en gestiones diplomáticas que buscan garantizar que su tiempo restante en vida se cumpla bajo estándares de humanidad y justicia.
FS