El presidente Donald Trump anunció este sábado un incremento adicional del 10% en los aranceles aplicados a las importaciones provenientes de Canadá, en un gesto que reaviva las tensiones entre ambos socios norteamericanos. La decisión llega apenas un día después de que el mandatario cancelara todas las negociaciones comerciales con Ottawa, acusando al gobierno provincial de Ontario de difundir una campaña publicitaria “fraudulenta” durante la Serie Mundial de béisbol.
El gobierno canadiense, encabezado por Mark Carney, respondió que el país está dispuesto a reanudar el diálogo siempre que se restablezca un clima de respeto institucional. Por su parte, el premier de Ontario, Doug Ford, anunció que pausará los anuncios televisivos en Estados Unidos para calmar la situación, luego de que Trump interpretara el uso de un discurso de Ronald Reagan como una afrenta a su política proteccionista.
Aunque Trump aseguró que la medida se aplicará “sobre lo que ya pagan” los productos canadienses, no precisó qué bienes específicos quedarán alcanzados. En agosto, Washington había elevado en 35% los aranceles a bienes no cubiertos por el USMCA, mientras que el acero y el aluminio enfrentan desde comienzos de año tasas del 50%. La duda ahora es si el nuevo aumento afectará sectores adicionales, como la automotriz o la maquinaria pesada, que dependen de cadenas de suministro integradas.
Los expertos estiman que, si el recargo se limita al comercio fuera del tratado, el impacto sería moderado pero simbólico. Sin embargo, si se extiende a industrias clave, podría detonar una respuesta inmediata de Ottawa, incluida la posibilidad de aranceles espejo sobre exportaciones estadounidenses. La tensión comercial también amenaza con ralentizar inversiones y aumentar la volatilidad en los mercados, especialmente en empresas con fuerte dependencia del acero y la manufactura binacional.
El anuncio ocurre mientras Trump realiza una gira por Asia, centrada en temas de comercio y seguridad. Analistas interpretan la medida como un gesto de fuerza destinado tanto a su base interna como a sus interlocutores internacionales, reforzando su imagen de negociador duro en vísperas de nuevas conversaciones con China y Japón. La elección del momento, en medio de un evento deportivo de gran audiencia, parece también calculada para maximizar el impacto mediático.
No obstante, el gesto podría tener efectos contraproducentes. Canadá sigue siendo el principal socio comercial de Estados Unidos, y un aumento sostenido de tensiones pondría en riesgo cientos de miles de empleos transfronterizos. Si bien el premier Ford busca bajar el tono del conflicto, la postura del gobierno federal dependerá de si Washington concreta o no el listado oficial de bienes afectados.
OH, CANADA: President Trump says the U.S. will impose an extra 10% tariff on Canadian imports in response to what he described as a misleading ad featuring Ronald Reagan speaking out against tariffs. pic.twitter.com/JZD5mbyYrF
— Fox News (@FoxNews) October 25, 2025
El regreso del discurso arancelario evoca las disputas de 2018, cuando Trump impuso tasas similares y desató represalias canadienses. Pero el contexto actual es más frágil: la economía estadounidense muestra signos de desaceleración, y las cadenas globales aún se recuperan de disrupciones postpandemia. En este escenario, la estrategia de presión podría volverse en contra si las industrias locales absorben el costo de las medidas antes de que el adversario ceda.
A mediano plazo, todo dependerá de la capacidad de ambos gobiernos para separar la diplomacia del espectáculo político. Si Ontario cumple su promesa de retirar los anuncios y Trump opta por negociar, el conflicto podría desactivarse en semanas. Pero si el mandatario insiste en escalar, el próximo capítulo podría escribirse en los tribunales del USMCA, reeditando una batalla comercial con ecos del pasado.