Paul Biya, presidente de Camerún desde 1982, fue declarado nuevamente vencedor de las elecciones celebradas el 12 de octubre de 2025, con el 53,6 % de los votos, según el Consejo Constitucional. A sus 92 años, extiende un mandato que podría llevarlo a gobernar hasta casi los 100, consolidando más de cuatro décadas en el poder.
Sin embargo, su victoria estuvo lejos de generar consenso. La oposición denunció irregularidades, manipulación de resultados y censura en los días previos a los comicios. En ciudades como Douala, Garoua y Yaoundé, cientos de personas salieron a las calles para protestar contra el resultado, en manifestaciones que fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad y dejaron varios heridos y al menos cuatro muertos, según reportes locales.

Biya asumió la presidencia en 1982, tras la renuncia de Ahmadou Ahidjo, y desde entonces ha ido consolidando un sistema fuertemente presidencialista. En 2008, eliminó los límites constitucionales de mandato, abriendo la puerta a reelecciones indefinidas. Desde entonces, cada elección ha sido cuestionada por falta de transparencia y concentración de poder.
El mandatario, que rara vez aparece en público, gobierna desde su residencia en Yaoundé, aunque pasa largas temporadas en Suiza, lo que ha alimentado rumores sobre su salud frágil y su distancia con la realidad del país.

El malestar en Camerún va más allá de las urnas. Más del 70 % de la población tiene menos de 35 años y no ha conocido otro presidente que Biya. Los jóvenes reclaman oportunidades, libertades y transparencia, mientras el desempleo y la desigualdad se mantienen altos.
El país también enfrenta conflictos armados en las regiones anglófonas del noroeste y suroeste, así como la amenaza del grupo extremista Boko Haram, activo en el extremo norte del país. Este grupo, originado en Nigeria a comienzos de los años 2000, busca imponer una interpretación radical de la ley islámica y ha realizado atentados, secuestros y ataques en toda la región del Lago Chad, afectando también a Chad, Níger y Camerún.
Pese al crecimiento económico moderado, las condiciones de vida siguen siendo precarias y la frustración social se traduce en un creciente descontento político. “Gobernar casi medio siglo no es estabilidad, es estancamiento”, escribió un activista camerunés tras conocerse los resultados, reflejando el clima generalizado de hartazgo. Esa frase resume el clima de frustración que domina a una parte importante del electorado.

Biya es, hoy, el jefe de Estado más longevo del mundo en ejercicio y el segundo con más tiempo en el poder entre los líderes no monárquicos. Su figura divide: para algunos, representa la continuidad y la estabilidad; para otros, el símbolo de un régimen cerrado y desconectado de su pueblo.
Si completa su nuevo mandato, llegará a 49 años en el poder, un récord que lo colocaría entre los gobernantes más duraderos de la historia moderna. Pero en un país cada vez más joven, conectado y movilizado, la pregunta sobre el futuro político de Camerún sigue abierta.