Después de las elecciones, el clima financiero se movió rápido. Los fondos internacionales, entre ellos PIMCO, volvieron a plantear que Argentina debería avanzar hacia una flotación más libre si quiere atraer capitales frescos.
Desde el Banco Central, Vladimir Werning alimentó la sensación de que algo así no estaba tan lejos: sostuvo que, luego del levantamiento del cepo en abril, quedaban restricciones que “se irán liberando a medida que avance el programa económico”. El mensaje sonó a transición.
Pero cuando el mercado empezaba a acomodar ese escenario, Luis Caputo salió a desactivarlo.
Primero en la conferencia de FIEL y, luego, con más énfasis aún, frente a los industriales en la UIA. Su argumento se volvió más firme y más detallado: no habrá flotación libre por ahora.
En FIEL explicó “apenas llevamos seis meses con bandas” y que "la demanda de pesos sigue siendo demasiado inestable para sostener un esquema libre sin riesgo de sobresaltos". Volvió sobre el punto que considera central: la inestabilidad de la demanda de dinero y la dolarización histórica del sistema convierten cualquier intento de flotación en un movimiento riesgoso.
Pero fue en la UIA donde Caputo ordenó su explicación de forma más estructurada. “No nos comamos el cuento”, dijo ante ejecutivos fabriles, para justificar por qué el sistema de bandas “es superador” a una flotación plena.
Sostuvo que a los argentinos “nos agarra la ansiedad de querer correr más rápido de lo que nos dan las piernas” y que, aun si el mercado presiona para una apertura inmediata, no vale la pena forzarla.
Enumeró cinco razones que, según él, explican por qué el tipo de cambio no se puede liberar completamente.
La primera es que las bandas actuales están bien calibradas: recordó que al salir del cepo bajo la gestión Macri, con peores fundamentos, el tipo de cambio equivalente era más alto que el actual. Con récord de exportaciones en varios rubros y un superávit comercial proyectado entre US$7.500 y 8.000 millones, no ve señales de atraso cambiario.
La segunda razón apunta a la experiencia internacional: varios países -Brasil, Chile, Israel, Colombia, Polonia- transitaron largos períodos de estabilización dentro de bandas antes de flotar. Para Caputo, la Argentina está aún en esa etapa.
En tercer lugar, volvió al concepto que viene repitiendo desde hace semanas, la demanda de pesos es demasiado volátil y la dolarización histórica demasiado alta. “Hay que graduarse para flotar”, dijo, y subrayó que la mayoría de los países en desarrollo tampoco flota libremente.
El cuarto motivo vuelve a la política. Caputo sostiene que la volatilidad política del país hace imposible sostener una flotación si el sistema electoral puede cambiarlo todo en horas.
Fue explícito: “No podemos darnos el lujo de flotar si la alternativa política es el comunismo. La alternancia tiene que ser racional”. Su diagnóstico es que cualquier shock político podría reinstalar de inmediato controles, reproduciendo el ciclo flotación–cepo.
Por último, remarcó un tema estructural, la poca profundidad del mercado cambiario argentino. En un mercado que opera USD 200 millones por día -y algunos días mucho menos-, una flotación libre permitiría que pocas órdenes muevan el precio de referencia de toda la economía. “No pidamos cosas que no se pueden hacer, no es serio”, sentenció.
Este marco explica por qué el Gobierno insiste en sostener el régimen actual. Caputo cerró su paso por la UIA con un mensaje optimista hacia el sector privado: afirmó que ve señales de recuperación de la economía real y un aumento de la inversión extranjera directa “inusual en tan poco tiempo”, algo que atribuyó a un cambio de percepción sobre Argentina en Estados Unidos. Y adelantó que el Gobierno enviará al Congreso una propuesta de reforma laboral con modificaciones en Ganancias, contribuciones patronales, cese laboral obligatorio y un plan de formalización.