En la historia reciente hay líderes que, incluso décadas después, siguen generando debate. Indira Gandhi es una de esas figuras. No fue solo la primera mujer en gobernar India: fue una dirigente que moldeó un país gigantesco con una mezcla de audacia política, confrontación y decisiones que cambiaron para siempre el destino de Asia del Sur. El 19 de noviembre, día de su nacimiento, India no solo recuerda a una ex primera ministra: revive la complejidad de una líder que dejó una huella profunda y, a la vez, polémica.
Indira nació en 1917 dentro de una familia que sería decisiva para la independencia del país. Era hija de Jawaharlal Nehru, el primer primer ministro de India, y creció en un entorno donde la política no era un oficio, sino un destino inevitable. Tras la salida del Imperio británico y la partición de 1947, India necesitaba definir su identidad como nación democrática, diversa y convulsionada, un desafío que marcaría toda su trayectoria.
Su llegada al poder en 1966 coincidió con uno de los momentos más frágiles del país: escasez de alimentos, tensiones con Pakistán, desigualdad económica y la búsqueda urgente de modernización. Gandhi impulsó la nacionalización de bancos, reforzó la intervención estatal y desarrolló políticas agrícolas que permitieron evitar hambrunas masivas. Esa etapa -conocida como la Revolución Verde- consolidó su popularidad y fortaleció la autonomía económica del país.
En el plano internacional, Indira tuvo un rol decisivo durante la guerra indo-pakistaní de 1971, cuando apoyó el movimiento de independencia que dio origen a Bangladesh. Ese conflicto redefinió la geopolítica del sur de Asia y confirmó a India como potencia regional.
Pero su legado también contiene uno de los capítulos más controvertidos de la democracia india: la declaración del Estado de Emergencia entre 1975 y 1977. Durante ese período se suspendieron libertades civiles, se encarceló a opositores y se reforzó un control estatal que generó una crisis institucional profunda. Para muchos, fue un punto de quiebre que todavía hoy divide a analistas e historiadores.
Indira recuperó el poder en 1980, pero los últimos años de su gobierno estuvieron marcados por crecientes tensiones con grupos separatistas en el Punjab. La Operación Blue Star, un asalto militar al Templo Dorado -el lugar más sagrado para la comunidad sij-, desató una controversia enorme y dejó una herida abierta en la memoria colectiva del país.

Meses después, el 31 de octubre de 1984, Indira Gandhi fue asesinada por dos de sus propios guardaespaldas sijs en represalia por aquella operación. Su muerte provocó una ola de violencia y disturbios que marcó un antes y un después en la política india.
A pesar de las críticas, la influencia de Indira Gandhi sigue vigente. India, ohoy una potencia global emergente, conserva muchos pilares construidos durante su mandat: desde la planificación estatal hasta su política exterior independiente y su visión de unidad nacional. Su figura condensa la tensión central de la política moderna: el liderazgo fuerte y transformador frente a los límites del poder democrático.
El asesinato de Indira Gandhi en 1984 conmocionó a India y desató una ola de violencia que marcó un antes y un después en la política nacional.A 107 años de su nacimiento, Gandhi continúa siendo un símbolo poderoso y complejo. Para algunos, una estadista indispensable. Para otros, una dirigente que llevó su autoridad demasiado lejos. Para todos, una figura que sigue definiendo la India contemporánea.