Es difícil de creer pero la interna del peronismo kirchnerista o el peronismo AMBA sigue abierta y con los mismos vicios que lo llevaron a su ineficacia electoral. El Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires transita su etapa de definiciones. Con el mandato de Máximo Kirchner venciendo el 18 de diciembre, el oficialismo partidario confirmó que se abrirá un proceso para renovar autoridades en los primeros meses de 2026. Aún no hay fecha concreta ni acuerdo sobre el formato: puede haber lista única o contienda interna.
En las últimas semanas se intensificaron los movimientos en torno al armado. El gobernador Axel Kicillof encabezó un acto en la Universidad de Quilmes junto a la Juventud Universitaria Peronista, donde pidió construir “desde abajo” y cuestionó decisiones verticales. La frase fue leída como una señal hacia el interior del peronismo bonaerense y en sintonía con el faltazo de la intendenta Mayra Mendoza, que mantiene diferencias con el Ejecutivo provincial por el presupuesto y la distribución de fondos para obras públicas. A tal punto que se identificó como “opositora” del propio gobierno de la provincia.
El cruce no pasó inadvertido. Desde La Cámpora evitaron escalar la tensión y remarcaron que el espacio forma parte del gobierno provincial. Máximo Kirchner, por su parte, ratificó que se cumplirá el cronograma interno del PJ y dejó abierta la posibilidad de competir, aunque no descartó un acuerdo de síntesis.
En paralelo, los intendentes del conurbano monitorean la situación. Algunos dirigentes como Martín Insaurralde, Fernando Espinoza y Julio Zamora siguen sin pronunciarse públicamente sobre el futuro del partido, mientras que otros, como Federico Achával o Mario Secco, insisten en mantener una conducción colegiada.
Si finalmente se impone la continuidad de Máximo Kirchner, el PJ bonaerense consolidaría una línea de conducción vinculada al dispositivo nacional de La Cámpora, con control territorial en el conurbano y proyección sobre la estructura legislativa. Ese escenario ordenaría los vínculos internos pero podría limitar la expansión hacia otros sectores del peronismo no alineados. En cambio, si gana fuerza la alternativa que promueve Kicillof —con aval de intendentes e impulso desde La Plata—, el partido se volcaría hacia una conducción más plural, asociada a la gestión provincial y a un esquema menos orgánico, con mirada hacia 2027. En ambos casos, la definición del PJ bonaerense dejará señales que impactarán en el mapa general del peronismo.
La renovación de autoridades en el PJ bonaerense no será inmediata, pero ya está en marcha. Todavía hay tiempo para internas, y está claro que ese tiempo será usado menos para ordenar el tablero que para profundizar las diferencias.