11/01/2026 - Edición Nº1069

Internacionales

Infancias rotas

El horror de la guerra: niños caen en bombardeos en Ucrania y Colombia

20/11/2025 | Dos conflictos distintos exponen un patrón trágico: menores atrapados en operaciones militares que cuestionan el cumplimiento del derecho humanitario.



Los recientes bombardeos en Colombia, donde murieron niños durante operativos contra disidencias armadas, volvieron a instalar en la agenda pública la incapacidad del Estado para garantizar protección a la población más vulnerable en zonas de conflicto. Las imágenes y testimonios difundidos reabren un debate que el país arrastra desde hace décadas: el límite entre la acción militar legítima y una tragedia que afecta a quienes no tienen capacidad de decisión sobre su presencia en la guerra.

En Ucrania, aunque el escenario responde a una guerra internacional, la dinámica de víctimas infantiles muestra paralelos inquietantes. Ataques con misiles y drones han alcanzado zonas residenciales, escuelas y espacios de tránsito civil, configurando un patrón donde los menores aparecen como las primeras víctimas de disputas armadas que los exceden. La distancia geográfica no impide que los dos casos compartan una misma fragilidad estructural: la exposición absoluta de los niños ante decisiones estratégicas ajenas.

Colombia 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café. En Bogotá, su capital a gran altura, el distrito Zona Rosa es famoso por sus restaurantes y tiendas. Cartagena, en la costa del Caribe, tiene una Ciudad Antigua colonial amurallada, un castillo del siglo XVI y arrecifes de coral cercanos.

Impacto en la población infantil

La recurrencia de muertes de menores en ambos territorios confirma un problema transversal: la incapacidad de los actores armados para garantizar el principio de distinción entre combatientes y civiles. En Colombia, la discusión gira en torno a si los adolescentes reclutados por grupos ilegales pueden considerarse objetivos militares; en Ucrania, la evidencia apunta a impactos directos en comunidades que no participan de hostilidades. Ambos contextos revelan que la retórica jurídica suele desvanecerse ante la presión operativa o estratégica.

Dinámicas políticas y responsabilidad estatal El manejo político también presenta similitudes. Tanto en Bogotá como en Kiev y las capitales que apoyan su defensa, los gobiernos enfrentan cuestionamientos internos y externos por la falta de mecanismos eficaces para prevenir muertes de menores. La lucha por imponer narrativas —ya sea de legitimidad operativa o de denuncia internacional— termina desplazando la prioridad humanitaria, mientras las instituciones acumulan costos reputacionales y éticos difíciles de revertir.

Cuentas pendientes en materia humanitaria

La convergencia entre ambos escenarios ofrece una conclusión clara: los marcos normativos existentes no garantizan por sí solos la protección de la niñez. La distancia entre el derecho y su aplicación práctica es evidente, y los Estados no han desarrollado capacidades suficientes para traducir obligaciones en salvaguardas reales. La niñez continúa siendo una zona gris, vulnerable a errores operacionales, decisiones políticas y estrategias militares que no siempre consideran el impacto sobre la población civil.

A pesar de las diferencias estructurales entre un conflicto interno y una guerra internacional, la repetición de patrones demuestra que la protección de los menores exige una revisión profunda de los protocolos militares y de los mecanismos de supervisión humanitaria. Integrar estándares estrictos, fortalecer sistemas de alerta temprana y aumentar la rendición de cuentas podrían reducir daños futuros, aunque ninguna medida reemplaza la urgencia de colocar los derechos de los niños como prioridad innegociable.

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