Los recientes cambios en la política comercial de Estados Unidos, con la eliminación del recargo arancelario del 10%, han modificado de forma inmediata el panorama para la agroindustria colombiana. La decisión, impulsada por el Gobierno de Donald Trump, llega en un contexto de precios internos elevados en EE.UU. y presiones políticas para abaratar los alimentos, lo que convierte al mercado latinoamericano en un proveedor clave ante la creciente demanda.
Para Colombia, el impacto es tangible: su canasta agrícola hacia Estados Unidos gana terreno en segmentos estratégicos como café, frutas tropicales, cacao y aguacate. Este giro no solo incrementa la competitividad del país, sino que refuerza la idea de que la dependencia del mercado estadounidense es, al mismo tiempo, una fortaleza y un riesgo, ya que cualquier alteración normativa se traduce en consecuencias directas para los productores.
La apertura arancelaria ha devuelto a Colombia una ventaja relativa que se había erosionado con los recargos generalizados aplicados meses atrás. Productos como el café, el banano y el aguacate Hass recuperan margen en un mercado donde países como Brasil, México y Vietnam también buscan posicionarse. En este nuevo escenario, la competencia se desplaza hacia atributos como calidad, trazabilidad, sostenibilidad y logística, factores que determinarán quién capitaliza realmente la liberalización.
El caso del aguacate resulta ilustrativo: aunque Colombia mantiene una cuota pequeña frente a México, la eliminación del recargo permite proyectar un crecimiento sostenido si se cumplen los estándares exigidos por las autoridades sanitarias estadounidenses. Del mismo modo, el cacao colombiano, reconocido por su perfil fino de aroma, podría consolidar nichos premium que han quedado abiertos tras el ajuste regulatorio.

Más allá de la medida arancelaria, el reto para Colombia y para la región radica en reducir su vulnerabilidad ante decisiones unilaterales de Washington. La alta exposición al mercado estadounidense obliga a los países latinoamericanos para diseñar estrategias de diversificación, fortalecer sus cadenas logísticas y elevar la certificación de origen y sostenibilidad. Sin estos pasos, el beneficio otorgado por la nueva política comercial será circunstancial.
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— US Embassy Bogota (@USEmbassyBogota) November 21, 2025
La experiencia reciente también demuestra que los vaivenes arancelarios pueden convertirse en un arma de doble filo. Lo que hoy representa un impulso para los productos colombianos podría revertirse en cualquier momento si Estados Unidos opta por un enfoque más proteccionista. Por ello, la ventana actual debe leerse como una oportunidad estratégica más que como un triunfo consolidado, exigiendo adaptación rápida y una visión de largo plazo.