30/11/2025 - Edición Nº1027

Internacionales

Dilema ético

Muerte de menores en Colombia: el debate que el Estado no quiere enfrentar

22/11/2025 | La muerte de menores reclutados en Colombia y el repunte de niños soldados en África exponen fallas estructurales que trascienden fronteras.



Los recientes bombardeos en Colombia, donde murieron menores reclutados por disidencias armadas, reabrieron un debate que el país evita desde hace décadas. La tragedia en el Guaviare mostró un conflicto donde los niños son convertidos simultáneamente en víctimas y herramientas de protección para los grupos ilegales, creando un escenario donde ninguna decisión estatal está libre de consecuencias humanas profundas.

En paralelo, varios países del África subsahariana enfrentan un aumento sostenido del reclutamiento infantil por actores armados, que utilizan a niños como combatientes, vigías o escudos humanos. Aunque los contextos difieren, ambos escenarios comparten una misma raíz: la debilidad institucional que permite que los menores sean absorbidos por dinámicas bélicas que degradan su condición de sujetos protegidos.

Colombia 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café. En Bogotá, su capital a gran altura, el distrito Zona Rosa es famoso por sus restaurantes y tiendas. Cartagena, en la costa del Caribe, tiene una Ciudad Antigua colonial amurallada, un castillo del siglo XVI y arrecifes de coral cercanos.

Reclutamiento sistemático

El caso colombiano revela cómo los grupos armados incorporan menores para disminuir la probabilidad de ataques estatales, apostando a que la presencia infantil funcione como freno moral y político. En África, prácticas similares han sido documentadas por organismos internacionales, donde los niños se convierten en piezas tácticas para sostener territorios en disputa o alimentar insurgencias prolongadas.

Frente a estas dinámicas, los Estados enfrentan una tensión irresoluble: intervenir militarmente implica el riesgo de causar la muerte de menores, pero no hacerlo permite la expansión de estructuras ilegales que también los someten. Esta encrucijada se repite en Colombia y África, donde la respuesta suele limitarse al plano militar, dejando rezagadas las políticas de prevención y reintegración.

Responsabilidades compartidas

Aunque los grupos armados son responsables directos del reclutamiento, los Estados comparten obligaciones en materia de protección de la infancia, fortalecimiento institucional y garantía de derechos. La ausencia de programas sólidos de prevención facilita que los menores continúen siendo captados por organizaciones que explotan su vulnerabilidad para fines bélicos.

Ambos escenarios muestran que sin una estrategia que combine seguridad, desarrollo y protección de derechos, el ciclo de reclutamiento infantil se perpetuará. Colombia y África comparten el desafío de construir políticas que coloquen a los niños en el centro, evitando que sigan siendo quienes pagan el mayor costo de guerras que no eligieron.

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