La decisión del presidente Javier Milei de designar al teniente general Carlos Presti, actual jefe del Ejército, como nuevo ministro de Defensa abrió un fuerte debate político y reactivó una discusión que parecía saldada desde 1983: el límite entre la conducción civil y el rol militar en la administración de la defensa nacional.
El nombramiento llega tras la salida de Luis Petri, hoy diputado, quien respaldó públicamente a su sucesor y destacó su “lealtad” y “capacidad”. Sin embargo, desde la oposición surgieron advertencias inmediatas.
El exministro Agustín Rossi fue el más duro: “La designación de un jefe militar como ministro de Defensa es un enorme retroceso para la democracia argentina.”
Rossi recordó que la conducción política de la defensa es un principio central en los últimos 40 años y cuestionó que las Fuerzas Armadas queden “involucradas en el destino del gobierno”.
También lanzó preguntas incómodas para Milei: “¿Será el representante del Presidente ante las Fuerzas o el representante corporativo de las Fuerzas ante el Presidente?”
Y agregó: “Mientras Milei paga salarios de hambre y Petri destruyó la obra social militar, ¿creen que poner a un militar al frente del ministerio va a contener el malestar?”