La reciente cumbre del G20 en Johannesburgo dejó al descubierto una reconfiguración poco habitual dentro del foro: por primera vez en años, una declaración final se aprobó sin el apoyo de Estados Unidos ni de Argentina. Más que un gesto diplomático puntual, este episodio revela tensiones estructurales sobre cómo debe funcionar el multilateralismo en un sistema internacional cada vez más fragmentado. El hecho de que Buenos Aires y Washington quedaran fuera del consenso obliga a analizar qué ocurrió realmente y qué implica para la arquitectura global.
Para entender el trasfondo, conviene observar el contenido del documento: un texto amplio que prioriza compromisos en materia climática, inclusión social, reducción de deuda y creación de nuevos paneles globales. Aunque celebrado por 19 países, el texto evita discutir con claridad asuntos que hoy determinan el equilibrio internacional: seguridad, conflictos armados, militarización regional y responsabilidades diferenciadas en la transición energética. Desde la perspectiva de Estados Unidos y Argentina, la ausencia de definiciones estratégicas debilitaba el valor práctico del acuerdo.
Aunque varios gobiernos presentaron la declaración como un triunfo del multilateralismo, el propio proceso mostró señales de desgaste. Estados Unidos decidió no acompañar el texto por considerarlo incongruente con la dinámica real del sistema internacional. Argentina, por su parte, entendió que sus prioridades estratégicas —estabilidad hemisférica, seguridad energética, régimen financiero internacional— no estaban suficientemente reflejadas. En este sentido, la negativa de ambos países no debe leerse como un rechazo al diálogo global, sino como una advertencia sobre la necesidad de consensos que tengan impacto y no solo visibilidad política.
El anfitrión, Sudáfrica, enfatizó que la declaración recuperaba la voz del Sur Global. Sin embargo, el triunfo simbólico convive con un problema evidente: sin Estados Unidos, ninguna hoja de ruta global puede sostenerse en el tiempo. La exclusión de Washington de la firma reabre un debate central para el futuro del G20: si el foro puede seguir operando sin la potencia que concentra mayor peso económico, militar y financiero del planeta.
🇿🇦 Aangekomen in Johannesburg, Zuid-Afrika, voor de G20. Hier overleggen de grootste economieën van de wereld over onderwerpen als financiële stabiliteit en economische groei. pic.twitter.com/Yu5lZWxozz
— Dick Schoof (@MinPres) November 22, 2025
El posicionamiento conjunto de Argentina y Estados Unidos introduce un matiz importante en la lectura internacional del encuentro. Argentina mostró que, incluso en un foro dominado por presiones multilaterales, está dispuesta a defender una postura propia basada en responsabilidades reales y no en acuerdos amplios pero vacíos. Washington, a su vez, reforzó la idea de que el multilateralismo solo es útil cuando refleja condiciones materiales concretas.
Wakil Presiden Indonesia Gibran Rakabuming Raka tampak jalan beriringan dengan Presiden Afrika Selatan Cyril Ramaphosa selesai mengikuti forum KTT G20 di Johannesburg, Afrika Selatan pada Sabtu (22/11/2025). Saat sesi foto bersama delegasi G20, terlihat Gibran berdampingan dengan… pic.twitter.com/B3unzNIakU
— BeritaSatu (@Beritasatu) November 22, 2025
De cara al futuro inmediato, la presidencia estadounidense del G20 en 2026 será determinante. Allí se pondrá a prueba si el foro avanza hacia compromisos más sustantivos o si queda atrapado en una lógica de declaraciones simbólicas sin capacidad de ejecución. Para Argentina, alinearse con una agenda más técnica y estratégica podría fortalecer su inserción internacional y mejorar su capacidad de influencia en un contexto global cada vez más competitivo.