Las series de Vince Gilligan, Breaking Bad y su precuela Better Call Saul, y su nuevo proyecto Pluribus, comparten un elemento geográfico distintivo: la ciudad de Albuquerque, en Nuevo México. Si bien la locación se ha vuelto sinónimo del universo creativo del showrunner, la elección inicial no fue esta. Gilligan reveló que la idea original para Breaking Bad era ambientar la historia en Riverside, California, una zona que reflejaba los problemas reales de narcotráfico y metanfetaminas que quería explorar, e incluso conocía personas que podían asesorarlo creativamente.
El cambio de planes se debió a una propuesta estratégica de Sony, la productora detrás de la serie. La compañía sugirió trasladar la producción a Albuquerque para capitalizar los significativos beneficios impositivos que ofrecía el estado de Nuevo México, que en ese momento rondaban entre el 25% y el 30%. Aunque Gilligan inicialmente se mostró reacio a la idea, el factor económico terminó siendo decisivo. La mudanza fue planteada incluso con la posibilidad de "falsear" la geografía para hacerla pasar por Los Ángeles, simplemente cambiando las matrículas de los autos. Sin embargo, para Vince Gilligan, simular la geografía de otra ciudad era inviable debido a las características únicas de Albuquerque. El creador argumentó que el paisaje local, especialmente por la presencia de unas montañas que no se asemejan a las de Los Ángeles, habría limitado creativamente la narrativa.
Finalmente, Gilligan no solo accedió, sino que Albuquerque se convirtió en una devoción para él, destacando que una de las razones principales de su aprecio fue la calidad del cielo: impoluto e impecable, a diferencia de los cielos tapados por el smog de Los Ángeles. Estos cielos se han transformado en un sello visual de toda su obra.

Con el paso del tiempo, Albuquerque se consolidó como el escenario por excelencia de Gilligan, al punto que, como se evidencia con Pluribus, ya no considera filmar en otra ciudad. Pero la decisión de filmar en Nuevo México también se ha complejizado por la fama. Para su nueva producción, Pluribus, Gilligan adoptó una medida drástica para evitar los inconvenientes derivados del "turismo agresivo" que plaga lugares icónicos de Breaking Bad, como la casa real de Walter White, a donde algunos fanáticos han llegado a arrojar pizzas al techo.
Con el objetivo de mantener el control creativo total y, al mismo tiempo, proteger a los residentes locales de las molestias de los fans más intrusivos, Gilligan optó por construir un barrio completo en medio del desierto de Nuevo México. Esta estrategia le permite conservar la atmósfera visual que adora de Albuquerque, especialmente sus inconfundibles cielos, mientras garantiza la privacidad y la tranquilidad de los vecinos, confirmando que la ciudad y sus alrededores siguen siendo el núcleo de su universo cinematográfico.