El avance de la reforma laboral vuelve a quedar bajo la lupa luego de que un nuevo relevamiento confirmara un dato político clave: el 67,5% de los argentinos respalda eliminar la obligatoriedad de los aportes sindicales, una señal de ruptura social con un modelo gremial que se mantuvo inalterable durante décadas. El estudio, elaborado por Zentrix Consultora, muestra además que el universo que no se opone a la modificación asciende al 82,2% si se suman posiciones neutras, configurando una mayoría transversal inédita.
La encuesta expone un fenómeno poco habitual en el clima polarizado actual: oficialistas y opositores coinciden. Entre votantes de Javier Milei y del peronismo predomina el apoyo a la voluntariedad de las cuotas, revelando que la desconfianza hacia las estructuras sindicales ya no responde a alineamientos partidarios sino a una crisis de representación más profunda.
El estudio también recoge un 55% de respaldo a actualizar o reemplazar la normativa laboral vigente, señal de que la sociedad percibe al esquema actual como rígido y desactualizado. En paralelo, la imagen de los sindicatos se encuentra en uno de sus peores momentos históricos: apenas 15,2% expresa una valoración positiva, mientras que 63,9% mantiene una percepción negativa, incluso entre votantes peronistas, donde la negatividad trepa al 30%.
Otro dato sensible para el Gobierno aparece en la medición sobre confianza institucional. El INDEC registra una mejora leve: 37,2% dice confiar en sus cifras, contra 59,2% que aún desconfía. Sin embargo, la inflación pierde centralidad como principal preocupación: sólo el 5,1% la menciona como el problema más grave, desplazada por la situación económica general (30,7%) y la corrupción (22,6%), con fuertes diferencias según la identidad política de cada votante.
El informe cierra con un repaso del tablero político: Javier Milei, Axel Kicillof, Diego Santilli, Karina Milei, Ramiro Marra, Pedro Rosemblat, Tomás Rebord y Daniel Parisini exhiben niveles de imagen muy distintos, atravesados por el efecto post legislativas. La polarización persiste, pero el dato que sobresale es otro: la discusión sobre la reforma laboral y el financiamiento sindical dejó de ser una batalla sectorial y pasó a convertirse en una demanda social instalada en el centro del debate público.