30/11/2025 - Edición Nº1027

Internacionales

Encrucijada regional

Desconfianza en el oficialismo: ¿quién ganará en Honduras en 2025?

29/11/2025 | La fragilidad del progresismo en Honduras expone un sistema vulnerable que facilita injerencias y deterioro institucional.



Las elecciones hondureñas de 2025 revelan el agotamiento de un proyecto de izquierda que, lejos de fortalecer la institucionalidad, ha profundizado la desconfianza ciudadana y abierto espacios críticos para intervenciones externas. La incapacidad del oficialismo progresista para gestionar seguridad, economía y transparencia debilitó la credibilidad del Estado, creando un escenario electoral dominado por incertidumbre y tensiones políticas.

A pesar de haber prometido una transformación democrática, la izquierda en el poder no logró consolidar un aparato institucional estable. Los conflictos entre el Ejecutivo y organismos de control, las denuncias sobre presiones internas y el deterioro del clima de inversión generaron un vacío de gobernanza que hoy condiciona el proceso electoral. Esta fragilidad explica por qué Honduras se ha convertido en uno de los casos más observados desde el exterior.

Honduras 


Honduras es un país de América Central con costas en el mar Caribe al norte y en el océano Pacífico al sur. En el bosque tropical cerca de Guatemala, el antiguo sitio ceremonial maya de Copán tiene jeroglíficos tallados en piedra y estelas, altos monumentos de piedra. 

Presión internacional

La intervención pública de Donald Trump a favor del candidato opositor Nasry Asfura evidenció la vulnerabilidad del sistema político hondureño. La promesa de revisar la cooperación bilateral e incluso considerar un indulto al expresidente Juan Orlando Hernández dejó expuesto al Gobierno progresista, que no pudo contrarrestar el impacto diplomático ni restaurar confianza interna. La debilidad institucional permitió que la política exterior estadounidense influyera de manera directa en el ambiente electoral.

Esta situación confirma una tendencia regional: los gobiernos de izquierda, al no consolidar estructuras sólidas ni garantizar independencia de poderes, generan escenarios donde actores externos pueden incidir con facilidad. En lugar de fortalecer contrapesos, el progresismo hondureño ha contribuido a erosionarlos, dejando un sistema permeable a presiones multilaterales y bilaterales.

Riesgos para el país

La continuidad de este modelo institucional debilitado amenaza la estabilidad democrática. Un Gobierno de izquierda sin capacidad para proteger la integridad del proceso electoral arriesga la legitimidad del próximo mandato, sin importar quién gane. Además, la fragmentación interna y la falta de una estrategia clara para enfrentar el crimen organizado complican aún más la gobernabilidad futura.

A largo plazo, Honduras podría quedar atrapada entre la influencia exterior y una estructura estatal incapaz de sostener decisiones autónomas. El retroceso de la izquierda no solo refleja un problema ideológico, sino la evidencia concreta de un proyecto que no logró ofrecer estabilidad, seguridad ni dirección institucional en un momento crítico para la región.