30/11/2025 - Edición Nº1027

Cultura


Íntimo y frontal

Julián Weich: "Soy el mismo de siempre, pero con más información"

29/11/2025 | Julián Weich repasa su búsqueda espiritual, su relación con la fama y el desafío de ser más consciente sin perder naturalidad.



El periodista Pato Galván continúa con su tercer ciclo de Soberanía Espiritual en El Living de NewsDigitales. Esta vez, la charla se da con el actor, conductor y embajador de UNICEF, Julián Weich“Solo sé de creer que nos dividen las camisetas, los colores, las religiones y en realidad somos todas almas, dispara Weich, y agrega que para él “la cabeza es la que moldea el espíritu y nos manda a cualquier lado”

Weich profundiza y explica que jamás dice algo si no puede sostenerlo: “Si no lo puedo justificar, no hablo. Los que estamos de este lado del micrófono tenemos que ser responsables”. Pato le marca que siempre fue el bueno de la tele, casi un personaje atrapado en su propia ética y moral. Weich asiente: “No me podía equivocar, entonces entrené qué decir. Con el tiempo aprendí que cuanto menos pensaba y más natural hablaba, mejor funcionaba”.

Estrategias y ambigüedades

La conversación se mete rápidamente en una suerte de fusión entre mística y cotidianeidad. El conductor cuenta que corre mantrando: “Me era más útil mantrar que pensar en problemas”. Pato le introduce los sutras hindúes y él conecta enseguida desde la humildad que lo caracteriza: “Muchas frases que me salen después me entero que otro las dijo primero. Me reconforta saber que tienen un aval” y resume su aprendizaje mental:

“Aprendí a hackear la cabeza. Cuando aparece un pensamiento negativo, le doy pelea”.

También admite que durante años vivió en dos mundos: “El Julián de la tele hacía 20 puntos y el Julián de la casa hacía menos 10”. Ese choque lo empujó a buscar respuestas: “La materia no alcanzaba. Iba en el auto que soñé y volvía con una angustia horrible”. Recorrió psicólogos, psiquiatras, budismo, temazcales y astrología; y todo eso lo llevó a formular su propio axioma de vida:

“No soy astrólogo ni vidente: soy el mismo de siempre, pero con más información”.

Autoconocimiento: menos reacción, más conciencia

Weich se detiene en una idea que pudo captar desde su propia experiencia: “Nos educan a tener, no a ser”. Por eso empezó a bucear en sí mismo. El autoconocimiento es fundamental. No terminás nunca, pero cuanto más te conocés, menos sufrís”. Y celebra una síntesis que le cambió la vida: “Todo esto tiene un único objetivo: traerte al presente”.

El conductor también cuenta cómo bajó su nivel de reacción“Si digo que soy espiritual, tengo que ser mi primer discípulo”. Pone un ejemplo simple y brutal: “Cuando manejás y querés matar a alguien… bueno, ahí digo: esto que me pasa no está bueno. Se ríe de sí mismo: “Antes tenía más chances de reaccionar. Ahora hay cosas que no me salen y me digo: 'Che, no me sale esto, no estoy reaccionando'".

Servir entre cielos e infiernos

Su trabajo social también le dio una vuelta de tuerca interesante: “Servir es fundamental porque ves los problemas de los demás y los tuyos se achican”. Aprendió también a poner límites: “No puedo estar en todas las ONG ni hacer todos los videos. Pero contesto siempre: si no puedo ayudar, lo digo. La gente agradece que al menos les conteste”.

Hacia el final, Pato le suelta el segundo sutra: Moksha, la “libertad emocional”. Weich lo escucha y coincide sin vueltas: “El cielo y el infierno están dentro mío. Yo no soy ni tan bueno ni tan malo”. Esa aceptación, dice, le permite ubicarse mejor. Ni arriba del todo, ni abajo del todo: “Un tercer cielo, como un equilibrio para vivir más ancho y menos apurado”. Una filosofía casera, imperfecta, pero viva y real; exactamente como él.