La designación de Carlos Presti como ministro de Defensa abrió una grieta dentro de las Fuerzas Armadas, donde su intento de conservar el estatus militar bajo un supuesto “estado de disponibilidad” encendió alarmas jurídicas y políticas. Mandos de peso cuestionan que el Gobierno busque crear una figura ajena a la ley para sostener la imagen de un general en actividad sentado en el gabinete. “El cargo máximo en la carrera militar es jefe de Estado Mayor Conjunto, no puede haber algo superior a eso”, remarcan.
Fuentes castrenses explican que la disponibilidad es un régimen acotado: se aplica al regreso de una misión exterior o tras un alta médica, siempre en tránsito hacia un nuevo destino. “No hay gente en disponibilidad cumpliendo una función”, recalcan, y advierten que, si Presti ejerce en actividad, sería el propio Ejército quien pagaría el sueldo del ministro. “Cuando ejercés la función pública tenés que romper lazos con tu actividad”, señalan, comparando la situación con cualquier otro cargo civil.
En paralelo, dentro del Ejército se elabora un documento destinado a justificar la maniobra y defender que el ministro pueda asumir sin pasar a retiro. La línea argumental sostiene que el cargo tiene “naturaleza militar institucional” y, por lo tanto, estaría habilitado por el artículo 18 de la reglamentación. En términos prácticos, buscan blindar la narrativa del “ministro de uniforme” que entusiasma a Javier Milei y a Karina Milei.
Sin embargo, entre marinos y aeronáuticos persiste un profundo malestar. Temen que mantener a Presti en actividad implique politizar cada decreto que firme y arrastrar a la institución hacia un territorio vedado desde el retorno democrático. La advertencia es clara: “No está previsto que un oficial en actividad ocupe un ministerio”. El recuerdo de experiencias fallidas y figuras que quedaron expuestas por falta de recursos revive temores internos.
El trasfondo es más amplio: si el ministro no consigue presupuesto para resolver la crisis del IOSFA, modernizar armamento o sostener las operaciones, podría terminar repudiado por las propias fuerzas, como ocurrió con Martín Balza tras su paso por áreas sensibles. Con la tensión creciendo, el experimento de mezclar política y uniforme amenaza con convertirse en el primer conflicto interno del nuevo ciclo en Defensa.