Cada 30 de noviembre Argentina celebra el Día Nacional del Mate, una fecha que reconoce una costumbre tan arraigada que parece haber estado siempre ahí, calentando manos y conversaciones. El origen del festejo se vincula con el nacimiento de Andrés Guacurarí, el comandante guaraní conocido como Andresito, figura clave en la historia misionera y gran impulsor del cultivo y la circulación de la yerba mate.

Mucho antes de que la infusión se transformara en emblema argentino, los pueblos guaraníes ya la consumían como bebida energética y ceremonial. Ellos domesticaron la planta, la cultivaron y la compartieron con los colonizadores. Con el tiempo, el mate se expandió por todo el territorio rioplatense hasta formar parte del paisaje emocional del país: de la sobremesa familiar a las oficinas, de la ruta a la playa.
El mate no distingue edades ni geografías. Puede ser el cable a tierra del estudiante, la compañía infalible del trabajador o el gesto de bienvenida en cualquier hogar. Su fuerza cultural es tan grande que sobrevivió a modas, crisis económicas y debates sobre la mejor yerba. Evolucionó, pero siempre mantuvo la misma esencia: unir personas alrededor de un sorbo caliente y compartido.

La producción de yerba mate representa además un motor económico para la región del NEA, especialmente Misiones, donde se concentra la mayor parte de los yerbales del país. El sector combina tradición agrícola con innovación tecnológica, desde plantaciones familiares hasta industrias que exportan a mercados cada vez más curiosos por esta infusión sudamericana.

La discusión es eterna y no tiene chance de resolverse de forma pacífica. El mate amargo es el favorito de quienes lo ven como un rito puro, sin maquillaje, el sabor original que viene de la tierra. El dulce, en cambio, conquista a quienes buscan suavidad y un poco de placer goloso en cada cebada. La respuesta honesta: el mate definitivo es el que no se lava rápido, el que se comparte sin pedantería y el que llega justo cuando hace falta. Y esa discusión, como el agua de un buen termo, siempre promete seguir caliente.