De acuerdo a una estimación de la Asociación Civil Fertilizar, el uso de fertilizantes en la campaña agrícola 2025/26 podría superar las 5 millones de toneladas. De cumplirse esta proyección, representaría un incremento superior al 7% respecto de la campaña 2024/25. Según especialistas de la entidad, la mayor repisición de nutrientes acompaña una campaña que comienza con perfiles hídricos recargados y resultados destacados en los cultivos de invierno.
“Es momento de aprovechar cada milímetro de agua disponible y transformarlo en grano con los cultivos de verano. Para ello, el adecuado diagnóstico y una correcta nutrición, son fundamentales”, consideró María Fernanda González Sanjuan, gerente Ejecutivo de Fertilizar.
Con trigo y la cebada registrando rindes elevados, la planificación nutricional para los cultivos subsiguientes toma relevancia. La mayor demanda de nutrientes ligada a estas productividades genera interrogantes sobre la disponibilidad de elementos esenciales en los suelos. En este contexto, uno de los puntos centrales es lo que puede ocurrir con la proteína del trigo en la campaña 2025/26. Para alcanzar los niveles comerciales -estimados en 10,5% o más, el cultivo requiere aproximadamente 30 kilos de nitrógeno por tonelada de rendimiento proyectado.
Con rindes estimados en distintas zonas por encima de los 50 o 60 quintales por hectárea, la oferta de nitrógeno puede resultar insuficiente. Esta situación podría derivar en valores de proteína por debajo de los parámetros demandados por la industria y el comercio.
“Si bien, en lo que va de la campaña se ha registrado un aumento del uso de fertilizantes en un 6% respecto de la campaña pasada, podemos confirmar que esto se debe al aumento de superficie sembrada de trigo + cebada, pero no a la mejora de las dosis aplicadas, necesarias en un contexto de alta productividad”, aseguró González Sanjuan
La especialista agregó que los trabajos realizados en este tema indican que, cuando el trigo presenta valores bajos de proteína, también puede haber resignado rendimiento. La disponibilidad de nitrógeno en el momento crítico del llenado de grano aparece como un factor clave. En paralelo, el desempeño del trigo genera impactos directos en los planteos de soja de segunda. Se estima que cerca del 45% del área de soja de esta campaña será de segunda, por lo que la reposición de nutrientes cobra relevancia.
Los cultivos de trigo con altos rendimientos extraen del suelo cantidades significativas de fósforo y azufre. Esto puede dejar a los lotes con reservas limitadas para el desarrollo de la soja de segunda, especialmente en regiones donde la reposición histórica ha sido baja. Si no se reponen estos nutrientes, la soja puede enfrentar restricciones en su crecimiento, en la fijación biológica de nitrógeno y en la formación de proteína en el grano. La demanda de fósforo y azufre en estadios tempranos del cultivo es determinante para su desempeño.
“Los ensayos en la región pampeana muestran que la soja de segunda responde significativamente a la fertilización fosfatada y azufrada”, afirmó Esteban Ciarlo, responsable Técnico de Fertilizar. En el caso del maíz, explicó que la definición entre siembras tempranas y tardías también influye en las necesidades nutricionales.
Además, las lluvias generaron demoras y podrían impulsar un aumento de superficie destinada a maíz tardío en distintas zonas productivas. Las expectativas para este maíz tardío incluyen rendimientos superiores a los de campañas anteriores, por lo que se recomienda ajustar la nutrición a estas proyecciones. El análisis de suelo aparece como herramienta central para definir estrategias.
“El nitrógeno, el fósforo y el azufre constituyen los nutrientes esenciales más determinantes para garantizar un adecuado desarrollo del maíz tardío”, señaló Ciarlo. En este punto, el técnico destacó además la importancia del potasio en regiones específicas como Entre Ríos y Corrientes.
En este marco, desde la entidad concluyeron que la reposición equilibrada de nutrientes se presenta como un factor común para trigo, soja y maíz en la campaña 2025/26. Los especialistas coinciden en que la planificación basada en análisis de suelo y en las condiciones productivas locales será determinante para sostener rendimiento y calidad.