El presidente Javier Milei volvió a convertir la Boleta Única de Papel en bandera ideológica. Esta vez, lo hizo desde las redes sociales, donde celebró el salto de representación legislativa de La Libertad Avanza y lo relacionó directamente con “bajar el riesgo kuka”, un latiguillo que ya forma parte de su manual político.
En su mensaje, Milei aseguró que el sistema actuó como “un shock de productividad” al pasar de 2 diputados en 2021 a 94 en 2025, un crecimiento que, más allá del efecto de la BUP, consolida el poder político del oficialismo en la Cámara baja. La frase, sin embargo, también fue leída como un intento de instalar un nuevo relato interno sobre eficacia electoral.
Estaba trabajando con un Ministro y al repasar la evolución de la Cámara de Diputados, pasando de 2 bancas (2021) a sólo por ahora 94, me dejó una reflexión:
— Javier Milei (@JMilei) November 29, 2025
"La boleta única papel es el shock de productividad más grande que haya tenido Argentina al bajar el riesgo kuka".
VLLC!
Las elecciones del 26 de noviembre fueron las primeras nacionales con Boleta Única de Papel, un cambio que varias provincias -como Mendoza- ya habían implementado. Milei busca ahora convertir ese debut en un símbolo de transparencia y eficiencia frente al modelo tradicional de boletas partidarias, pese a que los especialistas coinciden en que su impacto real aún requiere análisis más profundo.
Dentro del oficialismo, la narrativa tiene otro objetivo: ordenar la estructura libertaria hacia 2027. Con Karina Milei como arquitecta electoral, ya comenzaron las conversaciones con referentes provinciales para extender la BUP también a las presidenciales y unificar los criterios de competencia. La hermana del Presidente quiere evitar cualquier riesgo de fragmentación interna.
Mientras el Gobierno celebra el resultado, en la oposición advierten que la BUP no explica por sí sola el fenómeno Milei. El clima económico, la dispersión peronista y la ola antiestablishment fueron factores decisivos. Pero la estrategia oficialista es clara: transformar cada victoria procedimental en un activo político para sostener un proyecto que se piensa a largo plazo.