La propuesta de Claudia Sheinbaum para reducir gradualmente la jornada laboral en México reabrió el debate sobre el equilibrio entre vida y trabajo en un país históricamente marcado por extensas cargas horarias. El plan oficial prevé que la disminución comience en 2027, avance a razón de dos horas por año y culmine en 40 horas semanales al final del sexenio. Con este anuncio, la presidenta reforzó la narrativa de una transformación que busca modernizar derechos laborales sin generar disrupciones económicas inmediatas.
El contexto local muestra un mercado laboral que en los últimos años incorporó incrementos sostenidos del salario mínimo, regulaciones más estrictas para la subcontratación y mayores licencias de cuidados. En ese marco, la reducción horaria pretende consolidar un esquema que priorice salud, productividad y bienestar. Aunque el sector empresarial advierte sobre costos y ajustes operativos, la evidencia de otras economías de la región sugiere que un proceso escalonado permite amortiguar impactos y abrir espacios para reorganizar turnos y tecnología.
El caso de Chile se volvió una referencia clave: su reforma de 2023 redujo la jornada de 45 a 40 horas mediante una implementación progresiva que se extenderá hasta 2028. El modelo chileno combinó flexibilidad pactada con incentivos a la productividad y acuerdos por sector, permitiendo que empresas y trabajadores ajustaran ritmos sin sacrificar competitividad. La transición mostró que, con acompañamiento técnico, la reducción horaria puede integrarse a estrategias más amplias de desarrollo.
En Colombia, la ley de 2021 definió una disminución gradual de 48 a 42 horas para 2026, con impactos diferenciados entre sectores formales e informales. Uruguay, con jornadas de 44 horas para la mayoría de las actividades, mantiene desde hace décadas un sistema basado en negociación colectiva que modera tensiones y facilita adaptaciones sectoriales. En conjunto, estos ejemplos ofrecen insumos valiosos para evaluar los desafíos que México deberá enfrentar en su propia hoja de ruta.
Después de 108 años de trabajo con una jornada de 48 horas, hoy, en el Segundo Piso de la Transformación, presentamos el Proyecto de Reforma para la Implementación de la Semana Laboral de 40 Horas en beneficio de las y los trabajadores de México. pic.twitter.com/KPFQ1Y3X6x
— STPS México (@STPS_mx) December 3, 2025
El carácter progresivo de la propuesta mexicana podría favorecer una transición ordenada, siempre que se articule con inversión en capacitación, adopción tecnológica y políticas de formalización que mitiguen el riesgo de mayor informalidad. La experiencia regional muestra que las reformas laborales alcanzan estabilidad cuando se acompañan de instrumentos que aseguran cumplimiento y reducen incertidumbre para las empresas.
La presidenta @Claudiashein presentó el Proyecto de Reforma para avanzar hacia una semana laboral de 40 horas. La reducción será gradual, dos horas por año a partir de 2027 y hasta 2030, para mejorar la calidad de vida de las y los trabajadores del país. pic.twitter.com/78RNNJDMO7
— Ana Maria Lomeli (@AnitaLomeli) December 3, 2025
Más allá de la dimensión normativa, el debate abre la puerta a una redefinición del modelo laboral mexicano en clave de competitividad y cohesión social. La reducción de la jornada, integrada a políticas salariales y de cuidados, podría fortalecer el bienestar sin comprometer la productividad si se ejecuta con gradualidad, diálogo social y una visión de Estado que priorice el trabajo digno como pilar de desarrollo.