La Libertad Avanza alcanzó por primera vez la condición de primera minoría en la Cámara de Diputados, un movimiento que reconfigura el equilibrio político del Congreso y le otorga al oficialismo un protagonismo institucional que hasta ahora no había tenido.
Lejos de ser un dato meramente numérico, convertirse en la bancada más numerosa sin mayoría absoluta implica ganar peso en el reparto de comisiones, en la definición del temario y en la conducción de los debates.
En el sistema parlamentario argentino, la primera minoría suele reclamar la Presidencia de las comisiones de mayor impacto político, como Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales, Legislación General y Relaciones Exteriores.
Si bien la distribución final se negocia entre todos los bloques, quien encabeza el ranking de bancas llega con prioridad para ocupar esos espacios estratégicos y, a partir de allí, influir en la elaboración de dictámenes y en el ritmo legislativo.
Del mismo modo, la nueva posición de LLA pesará en la Comisión de Labor Parlamentaria, la mesa donde se acuerda qué proyectos llegan al recinto. Ese ámbito funciona, en los hechos, como un filtro central de la agenda política: controla plazos, prioridades y tiempos de discusión. Con más asientos en esa mesa, el oficialismo logra un salto en su capacidad de fijar agenda y condicionar a las bancadas opositoras.
Aunque LLA seguirá sin contar con mayoría propia y deberá tejer alianzas para aprobar proyectos, el estatus de primera minoría le permite negociar desde un piso más alto, impulsar dictámenes con mayor facilidad y ordenar el debate parlamentario bajo su propio termómetro.
El avance de LLA no solo es político: también es cuantitativo. Durante 2024, el oficialismo libertario contaba con un bloque de tamaño reducido, producto del desempeño electoral original y de la dispersión parlamentaria que caracterizó su primer año de gestión. Ese escenario contrastaba con la presencia organizada de bloques tradicionales como el peronismo y el radicalismo.
Para 2026, el mapa cambia de forma sustancial. La Libertad Avanza logró incrementar su número de diputados, tanto por el recambio legislativo como por la llegada de dirigentes que se alinearon con el oficialismo durante el periodo. Alcanzó las 95 bancas, mientras que el peronismo quedó con 94.
El salto numérico no solo expresa un reacomodamiento electoral, sino también la capacidad del oficialismo para atraer aliados y reorganizar el tablero parlamentario a su favor.
Tras confirmarse el nuevo esquema parlamentario, las reacciones dentro de La Libertad Avanza no tardaron en llegar. Desde el oficialismo destacaron la importancia institucional del logro y la consolidación del proyecto libertario dentro del Congreso.
El presidente Javier Milei calificó el avance como “un paso fundamental para fortalecer las reformas que necesita el país” y subrayó que el crecimiento legislativo “ratifica el rumbo elegido por los argentinos”.
Otros referentes del espacio remarcaron el valor estratégico de convertirse en primera minoría. Voceros del bloque destacaron que el nuevo lugar permitirá “ordenar el funcionamiento del Congreso”, mientras que dirigentes cercanos al oficialismo interpretaron el salto parlamentario como una señal de “madurez política” y de “expansión territorial” del proyecto libertario.
En un Congreso altamente fragmentado, las declaraciones reflejan la intención de La Libertad Avanza de capitalizar su nueva centralidad y de convertir ese poder institucional en capacidad efectiva para impulsar su agenda legislativa.
FA