El radicalismo llegará a la nueva Cámara de Diputados con solo seis bancas propias, convirtiéndose en el bloque más pequeño que el partido haya tenido desde el regreso de la democracia. Será un 2026 tristemente histórico.
La cifra marca un marcado derrumbe para la Unión Cívica Radical, que durante años fue uno de los pilares del sistema político argentino y, más recientemente, un actor clave dentro de la coalición Juntos por el Cambio.
Los números confirman la magnitud del retroceso. En los últimos 25 años, la UCR experimentó oscilaciones importantes, pero nunca una caída tan abrupta: llegó a tener 82 diputados en 1999, descendió a 65 en 2001, a 44 en 2003 y a 36 en 2005.
El registro más bajo previo al actual había sido en 2007, con 24 diputados. Desde entonces, el partido había logrado recuperarse: 43 bancas en 2009, 38 en 2011, 36 en 2013, 38 en 2015, 40 en 2017, 46 en 2019, 33 en 2021 y 34 en 2023.
Pero la elección 2025 quebró esa tendencia: el bloque radical quedó reducido a apenas seis representantes.
Tengo el enorme orgullo de asumir nuevamente mi banca como diputada nacional y de renovar el compromiso con cada mendocino que confió en nosotros.
— Pamela Verasay (@PameVerasay) December 3, 2025
En esta nueva etapa voy a estar al frente del bloque de @diputadosucr, un desafío que asumo con gratitud y responsabilidad por la… pic.twitter.com/WOZqVplAyw
La cifra final también refleja la pérdida de dirigentes que, tras la elección, optaron por incorporarse a otras bancadas, debilitando aún más el armado radical.
Algunos diputados provenientes del tronco histórico de la UCR se integraron a La Libertad Avanza, atraídos por el alineamiento con la agenda de Javier Milei o por acuerdos provinciales que reconfiguraron los bloques.
En paralelo, otros dirigentes radicales se integrarán al bloque Unidos, una nueva conformación parlamentaria que agrupa a sectores opositores que buscan diferenciarse tanto del oficialismo libertario como del kirchnerismo, con una marcada impronta de gobernadores como Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro. Martín Lousteau será uno de los diputados de ese espacio.
La extinción de Juntos por el Cambio tras la derrota nacional de 2023 dejó al radicalismo en una situación de enorme fragilidad electoral.
Sin la estructura común que durante una década permitió sostener competitividad en distritos clave, el partido quedó expuesto a disputas internas, fugas y realineamientos.
En la elección legislativa 2025, la falta de una estrategia nacional cohesionada, la dispersión de candidaturas y el avance de nuevos polos políticos terminaron por perjudicar particularmente a la UCR, que perdió representación en la mayoría de los distritos donde históricamente había logrado sostener bancas.
De cara al futuro inmediato, el radicalismo enfrenta un desafío existencial: esquivar la creciente polarización nacional, especialmente en provincias donde históricamente tuvo presencia dominante -como Córdoba, Mendoza, Jujuy, Catamarca o La Rioja- pero donde hoy la disputa electoral está capturada por fuerzas emergentes o coaliciones más amplias.
Esa polarización reduce el espacio del radicalismo como partido bisagra, que durante décadas supo ubicarse como alternativa competitiva en territorios bipartidistas. Con solo seis diputados y sin una identidad nacional cohesionada, la UCR deberá reconstruirse desde las provincias, tratando de retener sus bases territoriales y recomponer liderazgos capaces de disputar poder real.
FA