Cada 10 de diciembre, Estocolmo y Oslo concentran la atención internacional con la entrega anual de los Premios Nobel. La elección del día está directamente vinculada a Alfred Nobel, el inventor e industrial sueco que falleció un 10 de diciembre de 1896. En su testamento, firmado un año antes de su muerte, dispuso que su fortuna se destinara a reconocer a personas y organizaciones cuyo trabajo aportara un beneficio significativo para la humanidad.
La primera edición se celebró en 1901, cinco años después de su fallecimiento, y desde entonces la fecha se mantiene invariable. Ese día se entrega una de las distinciones más influyentes de la historia moderna, acompañada por ceremonias que mezclan ciencia, diplomacia, cultura y protocolo.

Los premios creados por Nobel se reparten entre dos capitales escandinavas. En Estocolmo se entregan los galardones de Física, Química, Medicina, Literatura y Ciencias Económicas. Cada uno tiene su propia tradición institucional, pero todos comparten la presencia de la familia real sueca y un estricto protocolo.
El Nobel de la Paz, en cambio, se otorga en Oslo. Este diseño fue establecido por el propio Nobel, que dejó la evaluación de la paz en manos de un comité noruego. Por esa razón, Noruega conserva un rol singular dentro de la estructura de los premios.

A lo largo de más de un siglo, los Premios Nobel se convirtieron en un termómetro del avance intelectual y humanitario. Sus ganadores han incluido descubrimientos que cambiaron la medicina, teorías que transformaron la física moderna, obras literarias decisivas y esfuerzos que redujeron conflictos o fortalecieron los derechos humanos.
Más allá del resultado de cada año, el 10 de diciembre conserva un valor simbólico: representa la continuidad del legado de Alfred Nobel y celebra el impacto que el conocimiento, la creatividad y el compromiso social pueden tener sobre la vida global.
La ceremonia del Nobel de la Paz de este año llega atravesada por un clima político especialmente sensible en la región latinoamericana y por una creciente expectativa diplomática. La premiada, María Corina Machado, viajará a Oslo pero no asistirá a la ceremonia para recibir la distinción en un momento en el que su figura concentra apoyos internacionales, tensiones políticas internas y un alto nivel de cobertura mediática. Su ausencia convierte al evento en un escenario clave para observar alineamientos, respaldos y gestos simbólicos de alcance global.
También se espera la llegada de delegaciones de distintos países, representantes de organizaciones humanitarias y figuras del ámbito académico, lo que refuerza el carácter transversal del premio. La asistencia del presidente argentino Javier Milei, quien viajó para acompañar personalmente a Machado, cuando todavía se especulaba con su presencia en el acto, agrega un componente político que potencia la visibilidad y anticipa una ceremonia seguida muy de cerca por la prensa internacional.

En este contexto, Oslo se prepara para una edición que no solo destaca por el prestigio del galardón, sino también por el impacto regional y global que pueden generar los protagonistas presentes y los mensajes que surjan desde el escenario del Ayuntamiento.
Este año, además, la ceremonia sumará un hito institucional: la princesa Ingrid Alejandra de Noruega realizará su primer ingreso oficial al Nobel de la Paz. A sus 21 años, acompañará a sus abuelos, los reyes Harald V y Sonia, y a sus padres, los príncipes Haakon y Mette-Marit, en uno de los actos más relevantes del calendario nacional.
Su participación marca el inicio visible de su integración a la agenda pública y refuerza la conexión histórica entre la monarquía noruega y este galardón internacional.

Más de un siglo después de la primera ceremonia, el 10 de diciembre sigue funcionando como un punto de encuentro entre tradición y actualidad. En un mismo día conviven los descubrimientos que transforman la ciencia, las obras que enriquecen la cultura, las acciones que promueven la paz y la proyección internacional de figuras políticas y monárquicas. Lo que comenzó como el deseo póstumo de Alfred Nobel se convirtió en un acontecimiento global que sostiene su vigencia año tras año.