11/02/2026 - Edición Nº1100

Internacionales

Organismos en disputa

Crisis en la OEA: por qué América Latina ya duda de su árbitro político

11/12/2025 | El desgaste de la OEA y las limitaciones de la CELAC evidencian una crisis de legitimidad que redefine el equilibrio político en América Latina.



La discusión sobre para qué sirve realmente la OEA volvió al centro del debate regional mientras gobiernos de distintos signos cuestionan su capacidad para actuar con neutralidad y eficacia. El organismo, antes considerado una referencia hemisférica, enfrenta un deterioro que combina acusaciones de intervencionismo, tensiones internas y una pérdida sostenida de confianza entre los Estados miembros. Su estructura normativa sigue siendo robusta, pero la falta de consensos frena su habilidad para gestionar crisis políticas de forma integral y oportuna.

A este desgaste se suma un clima geopolítico marcado por la desconfianza hacia los organismos multilaterales. La fragmentación regional, reflejada en la coexistencia de múltiples foros con escasa coordinación, debilitó la influencia histórica de la OEA. En este escenario, algunos gobiernos buscan reformar la institución, mientras otros consideran que su liderazgo está agotado. La pregunta ya no es solo si la OEA puede transformarse, sino si la región está dispuesta a sostener un proyecto común.

Latinoamérica


América Latina o Latinoamérica​ es un término ambiguo​ y constructo político​​​​​​ que alude al conjunto de países de América donde predominan las lenguas romances, concretamente la española, portuguesa y francesa.​

Integración en disputa

La CELAC aparece como un intento de respuesta a ese vacío, pero su diseño institucional impone límites que dificultan consolidarla como alternativa real. Su atractivo simbólico radica en la exclusión de Estados Unidos y Canadá, lo que permite a varios gobiernos proyectar una idea de autonomía regional. Sin embargo, la ausencia de mecanismos vinculantes, la falta de una secretaría permanente y la rotación anual de presidencias le impiden actuar con la continuidad y la precisión que exige la gestión de crisis complejas.

Pese a estas limitaciones, la CELAC ha ganado terreno como espacio de negociación geoestratégica, en especial con China y la Unión Europea. Aun así, su dinamismo político no resuelve el problema estructural que comparte con la OEA: la incapacidad de los gobiernos latinoamericanos para sostener consensos amplios durante periodos prolongados. Ambos organismos funcionan dentro de un entorno donde las rivalidades ideológicas prevalecen sobre la cooperación y donde los instrumentos multilaterales son utilizados de manera instrumental.


La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es un mecanismo intergubernamental de ámbito regional, ​ que promueve la integración y desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños.​

Un orden regional en transición

La simultánea erosión de la OEA y la fragilidad operativa de la CELAC configuran un escenario inédito: América Latina carece de una instancia capaz de arbitrar disputas, canalizar tensiones o articular una voz conjunta ante actores globales. Esta debilidad afecta no solo la reacción frente a crisis políticas, sino también la capacidad de la región para influir en debates internacionales sobre comercio, seguridad y derechos humanos. El multilateralismo continental atraviesa una fase crítica cuya salida dependerá de la voluntad real de reconstruir consensos.

Las próximas decisiones de los gobiernos serán determinantes para definir si la región opta por reformar su arquitectura institucional o permitir que continúe la dispersión actual. La OEA aún dispone de instrumentos jurídicos y técnicos valiosos, mientras la CELAC conserva la posibilidad de reforzar su peso político. Sin embargo, sin un compromiso colectivo, ambos organismos seguirán reflejando más las divisiones internas de América Latina que su potencial para actuar de manera cohesionada.

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