El 31 de diciembre de 1999 marcó un punto de inflexión en la historia de Panamá y de América Latina. Ese día, la Autoridad del Canal de Panamá asumió el control total de la vía interoceánica, poniendo fin a casi un siglo de administración estadounidense sobre uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo.
La transferencia fue la culminación de un proceso largo y políticamente sensible, iniciado con la firma de los Tratados Torrijos‑Carter en 1977. Aquellos acuerdos establecieron una devolución gradual del canal y de la Zona del Canal, en un contexto regional marcado por reclamos de soberanía y tensiones diplomáticas con Washington.
La administración estadounidense del canal se remontaba a principios del siglo XX, cuando Estados Unidos completó la obra iniciada por Francia e inauguró la vía en 1914. Desde entonces, el control del canal se convirtió en un símbolo de la influencia norteamericana en Centroamérica y en un eje central de la política interna panameña.
Los tratados firmados por Omar Torrijos y Jimmy Carter redefinieron esa relación. Más allá de la transferencia técnica de la infraestructura, el acuerdo implicó un reconocimiento político del reclamo panameño y un compromiso de neutralidad permanente del canal, garantizando su operación abierta al comercio mundial.
El 12 de diciembre de 1908, ocurrió el peor accidente laboral durante los trabajos de construcción del Canal de Panamá. pic.twitter.com/sCdduJgcJl
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Desde 1999, el Canal de Panamá ha sido administrado por la Autoridad del Canal de Panamá, una entidad autónoma del Estado panameño. Bajo su gestión, la vía no solo mantuvo su relevancia estratégica, sino que amplió su capacidad y se consolidó como una fuente clave de ingresos para el país.
El Canal de Panamá. Cómo se elevan enormes barcos usando solo agua. Una maravilla de la tecnología.pic.twitter.com/mCh6MJooTy
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El traspaso también tuvo un fuerte impacto simbólico en la región, al cerrar uno de los capítulos más prolongados de control extranjero sobre una infraestructura crítica latinoamericana. A más de dos décadas de aquel hito, el canal sigue siendo un termómetro de la posición de Panamá en el comercio global y de su capacidad para ejercer soberanía en un sistema internacional interdependiente.