19/02/2026 - Edición Nº1108

Internacionales

Tensión regional

Caribe en tensión: por qué Estados Unidos acelera su despliegue militar contra Nicolás Maduro

15/12/2025 | La presión militar de Washington, la reacción de Caracas y la cautela brasileña reconfiguran un escenario sensible para la estabilidad latinoamericana.



El Caribe volvió a ocupar un lugar central en la agenda internacional a partir del aumento de la presencia militar de Estados Unidos en la región. Bajo el argumento de combatir el narcotráfico y el crimen transnacional, Washington intensificó patrullajes, operaciones navales y controles sobre rutas marítimas estratégicas. Sin embargo, en América Latina crece la percepción de que estas acciones responden también a una lógica de presión política sobre Venezuela, con efectos que trascienden el plano de la seguridad.

La reactivación de este escenario ocurre en un contexto de fragilidad regional. América Latina enfrenta desaceleración económica, tensiones sociales y sistemas institucionales exigidos, lo que amplifica el impacto de cualquier conflicto externo. En ese marco, el Caribe aparece nuevamente como un espacio donde se cruzan intereses globales, memorias históricas de intervención y disputas por la autonomía estratégica de los Estados latinoamericanos.

Caribe


El Caribe es una región en el centro de las Américas centrada alrededor del mar Caribe en el océano Atlántico norte, que se superpone principalmente con las Indias Occidentales.

Escalada militar y disputa de narrativas

El despliegue estadounidense incluye la interdicción de embarcaciones, la incautación de petroleros vinculados a sanciones y una mayor cooperación militar con aliados regionales. Para Washington, estas medidas forman parte de una estrategia integral de seguridad hemisférica. Para Caracas, en cambio, constituyen actos de hostigamiento y violaciones a la soberanía, denunciados en foros internacionales como una forma de coerción indirecta.

La confrontación no se limita al plano militar. Existe también una batalla narrativa en la que Estados Unidos busca legitimar sus acciones como defensa del orden y la legalidad, mientras Venezuela intenta presentar el conflicto como un ejemplo de injerencia externa. Esta pugna discursiva encuentra eco desigual en la región y contribuye a profundizar divisiones políticas entre gobiernos latinoamericanos.

Brasil y los límites de la mediación regional

Brasil ocupa un lugar singular en este tablero. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha rechazado abiertamente una escalada militar y promueve el diálogo como vía de resolución, consciente de que un conflicto abierto tendría efectos desestabilizadores en toda Sudamérica. Al mismo tiempo, evita alinearse sin matices con Caracas, manteniendo una posición de equilibrio diplomático y autonomía relativa.

La evolución de esta crisis será determinante para el futuro regional. Si prevalece la lógica de la presión y la fuerza, el Caribe puede convertirse en un foco permanente de militarización y fragmentación política. Si, en cambio, se consolida una salida negociada, América Latina tendrá la oportunidad de reafirmar mecanismos propios de gestión de conflictos y reducir su dependencia de agendas de seguridad externas.