El nuevo informe de Equipo Mide, elaborado por el sociólogo y politólogo Sebastián Halperín y el licenciado en ciencia política, Pedro Antenucci, indaga cómo imaginan los argentinos la segunda mitad del gobierno de Javier Milei. Los resultados exhiben un patrón inquietante: cuanto mayor es la edad del encuestado, mayor es el pesimismo sobre el futuro del país. Y, a su vez, cuanto más vulnerable es el nivel socioeconómico, más crece la sensación de que la gestión no logrará cumplir sus metas.
Según los datos del estudio, el 22% de los mayores de 56 años cree que el Gobierno no alcanzará ninguno de sus objetivos. Ese porcentaje baja al 18% entre los adultos de 36 a 55 años y cae al 13% entre los jóvenes de 18 a 35. La correlación es clara: los sectores que vivieron más crisis, más ciclos fallidos y más promesas incumplidas son también los más escépticos.
Algo similar ocurre cuando se evalúa la posibilidad de que Milei sostenga la baja inflacionaria y logre reactivar la economía. Allí, la aprobación crece entre los más jóvenes y se retrae en los mayores:
La brecha revela una dimensión generacional del apoyo al mileísmo: cuanto más jóvenes los encuestados, mayor es la confianza en la irreversibilidad de las reformas y en la eventual llegada del crecimiento.
El informe también detecta diferencias por nivel socioeconómico. Uno de cada cuatro encuestados de ingresos más bajos (25%) considera que el gobierno no logrará ninguno de sus objetivos, mientras que quienes tienen mayores recursos económicos se muestran más confiados en avanzar con la reforma laboral y la reforma tributaria, mencionadas espontáneamente por solo el 13% del total, con 7% para la primera y 6% para la segunda.
Aun entre los votantes de Milei aparecen señales reveladoras. El 7% de ese electorado menciona como expectativa central el combate a la corrupción, concepto asociado casi exclusivamente al kirchnerismo. El informe destaca el contraste: pese a que 2024 y 2025 estuvieron atravesados por denuncias contra funcionarios del oficialismo —como los casos Spagnuolo y Libra—, sus propios votantes siguen percibiendo la corrupción como un fenómeno “externo” al Gobierno.
El estudio también muestra un fenómeno emocional: la presión creciente sobre la promesa oficialista de que “comience el crecimiento”. En paralelo, la pobreza y la desocupación continúan siendo, por amplio margen, las principales preocupaciones nacionales, tal como se verifica en cada onda de medición.
Finalmente, Mide detecta la persistencia de un razonamiento extendido entre los simpatizantes libertarios: la idea del “derrame virtuoso”, expresada así en una respuesta espontánea: “Con nuevas leyes laborales los empresarios contratarán más empleados, habrá más aportes para los jubilados y más consumo”.
En síntesis, el estudio ofrece una radiografía precisa del estado emocional del país: optimismo joven, prudencia adulta, desconfianza senior. Y deja una advertencia política clave: el éxito o fracaso de Milei en los próximos dos años no dependerá solo de las reformas que logre aprobar, sino de si esas reformas producen resultados visibles antes de que se diluya la paciencia social.