03/02/2026 - Edición Nº1092

Internacionales

Energía local

Revolución energética en República Dominicana: el modelo rural que mira toda América Latina

17/12/2025 | Proyectos gestionados por comunidades rurales transforman el acceso a la energía y abren un nuevo modelo de desarrollo territorial.



La electrificación rural sigue siendo uno de los desafíos estructurales más persistentes en América Latina, especialmente en territorios montañosos y de difícil acceso. En la República Dominicana, comunidades históricamente marginadas del sistema eléctrico nacional comenzaron a revertir esa condición mediante un modelo poco visible pero altamente efectivo: las microhidroeléctricas comunitarias, pequeñas plantas que aprovechan el caudal de ríos locales sin alterar de forma significativa el entorno natural.

A diferencia de las grandes infraestructuras energéticas, estos proyectos nacen desde el territorio y responden a necesidades concretas de la población local. La energía generada no solo ilumina hogares, sino que sostiene escuelas, centros de salud y pequeños emprendimientos productivos. En ese proceso, la electricidad deja de ser un servicio intermitente y se convierte en un factor estructural de inclusión social y autonomía comunitaria, con impactos que trascienden lo técnico.

República Dominicana


La República Dominicana es una nación caribeña que comparte la isla de Hispaniola con Haití al oeste. Es conocida por sus playas, centros turísticos y golf. Su terreno comprende selva tropical, sabana y tierras altas, incluido el Pico Duarte, la montaña más alta del Caribe. La capital, Santo Domingo, tiene monumentos españoles como la Catedral Gótica Primada de América que se remonta a 5 siglos en su distrito de la Zona Colonial.

Modelo comunitario y energía descentralizada

El rasgo distintivo de estas microhidroeléctricas es su gestión comunitaria, basada en la participación directa de los habitantes desde la construcción hasta el mantenimiento. Organizaciones locales, con apoyo técnico de agencias de cooperación y programas estatales, asumieron el control operativo de las plantas, reduciendo costos y fortaleciendo capacidades internas. Este esquema contrasta con modelos centralizados donde la comunidad es usuaria pasiva y dependiente.

La tecnología empleada es simple, adaptable y diseñada para operar con recursos locales. Al no requerir grandes represas ni extensas obras civiles, el impacto ambiental es reducido y compatible con la conservación de los ecosistemas hídricos. Además, el suministro estable de electricidad permitió sustituir combustibles contaminantes, mejorar condiciones de estudio y extender horarios productivos, consolidando un círculo virtuoso entre energía limpia y desarrollo local.


Microhidroeléctricas comunitarias llevan energía limpia a zonas aisladas y fortalecen autonomía rural.

Desafíos climáticos y proyección del modelo

El principal límite del sistema es su dependencia del régimen hídrico. Sequías prolongadas o variaciones climáticas afectan la capacidad de generación y obligan a pensar soluciones complementarias. En respuesta, algunas comunidades comenzaron a integrar paneles solares como respaldo, avanzando hacia esquemas híbridos que refuerzan la resiliencia energética frente al cambio climático.


Comunidades rurales de RD gestionan microhidroeléctricas y reducen exclusión energética histórica.

Más allá de sus desafíos, la experiencia dominicana ofrece una referencia concreta para otros países con realidades similares. La combinación de organización social, tecnología apropiada y apoyo institucional demuestra que la electrificación rural no depende exclusivamente de grandes inversiones estatales. En contextos de desigualdad territorial persistente, este modelo plantea una alternativa viable donde la energía deja de ser promesa y se consolida como herramienta efectiva de desarrollo sostenible.

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