Un estudio publicado en la revista "Frontiers in Psychology" puso la lupa sobre una curiosidad emocional: los hombres tienden a llorar hasta cuatro veces más por el fútbol que por rupturas amorosas.
Titulado "Las creencias sobre las emociones están vinculadas a las creencias sobre el género: el caso del llanto de los hombres en los deportes competitivos", el estudio liderado por Heather J. MacArthur revela cómo los contextos competitivos, como los deportes, facilitan la expresión emocional masculina. La investigación desafía los estereotipos de género que sugieren que los hombres deben ocultar su vulnerabilidad.
Según los hallazgos, el deporte, especialmente el fútbol, se percibe como una actividad estereotípicamente masculina, lo que hace aceptable para los hombres mostrar sus emociones, ya sea alegría, tristeza o frustración, en un entorno social que no los juzga con severidad.

La investigación explica que el fenómeno es resultado de las expectativas culturales sobre la masculinidad. En muchos casos, el deporte es considerado un espacio adecuado para que los hombres se sientan libres de expresar su tristeza o felicidad sin temor al juicio social, a diferencia de situaciones más personales y generalmente percibidas como femeninas.
El acto de llorar por fútbol no solo está permitido, sino que a menudo es visto como una muestra de pasión y lealtad hacia el equipo. Este contexto habilitador contrasta con las relaciones íntimas, donde el llanto aún es recibido con incomodidad, llevando a muchos hombres a reprimir sus emociones en situaciones de ruptura amorosa.
Especialistas en psicología y sociología sugieren que mientras los partidos de fútbol en estadios o en reuniones con amigos brindan un entorno de permiso social para el desahogo, las cuestiones afectivas suelen vivirse con mayor contención y aislamiento emocional.