Johnny Tedesco es uno de esos nombres que atraviesan la historia de la música argentina antes incluso de que el concepto de “rock nacional” estuviera definido. Pionero del rockabilly local, irrumpió a comienzos de los años 60 con una impronta propia, cantando en castellano y componiendo sus propias canciones en una escena que todavía estaba en plena gestación.
En El Living de NewsDigitales, el cantante repasó sus inicios, el impacto inesperado de sus primeros temas, su recorrido internacional y la vigencia de una carrera que se sostiene en el tiempo sin nostalgia forzada. Entre anécdotas, recuerdos y reflexiones, volvió una y otra vez sobre la idea del asombro: haber sido parte de algo que, en ese momento, “estaba por nacer”.
Tedesco contó que el rótulo de “rey del rockabilly sudamericano” le llegó desde Europa y que ese reconocimiento lo obliga, cada tanto, a mirar hacia atrás con sorpresa. No lo dice desde la grandilocuencia, sino desde el impacto de haber vivido procesos que, aún hoy, le resultan difíciles de dimensionar.
“Hay un título que me colgaron… el rey del rockabilly sudamericano. Y yo dije: ‘Wow, debe ser cierto’. Cada vez que me meto en el túnel del tiempo me pego cada susto, porque sucedieron cosas.”
El punto de quiebre de su historia aparece en 1961, cuando graba “Vuelve, vuelve primavera” y “Rock del Tom Tom”, una composición propia escrita cuando tenía apenas 14 años. La escena fundacional ocurre en un espacio íntimo: la casa de su abuela y una guitarra “escondida” que se transforma en disparador creativo.
“Estaba sentado en el living de la casa de mi abuela… bajaba una viola y empezaba a tocar cosas que me gustaban. Me salió una melodía y pensé: ‘A ver si estoy haciendo una macana’. La dejé y después la grabé.”
Con el tiempo, el tema se convirtió en un éxito en Europa y en una pieza de culto dentro del circuito rockabilly, algo que el propio Tedesco aún mira con asombro. “Fue un hit en España, Francia, Bélgica y Alemania… y hoy es un rockabilly de culto.”

El cantante describió el circuito de festivales rockabilly en Europa como un universo propio: estética de época, públicos multigeneracionales y una escena viva que mantiene encendida la llama del género. En ese contexto, destacó el valor simbólico de cantar en español frente a audiencias internacionales.
“Son festivales muy temáticos… hay 30 o 40 bandas… y el único que canta en español soy yo. Cada vez que voy, encabezo con ‘Rock del Tom Tom’.”
Uno de los momentos más emotivos de su recorrido internacional fue compartir cartel con Wanda Jackson, referente histórica del género en Estados Unidos. “Yo la escuchaba cuando tenía 8 o 10 años. Cuando la vi en el cartel no lo podía creer.”
Más allá de su propia historia, Tedesco se mostró encantado con la vitalidad de la música actual y elogió a quienes están llevando la escena popular hacia nuevos formatos. Dijo que “sería el menos indicado para rechazar lo nuevo”, recordando que cuando él irrumpió también enfrentó rechazos.
“Hoy escucho a artistas urbanos y me parece espectacular cómo conectan con la gente,” comentó en referencia a nombres como Duki y el proyecto de Mir Nicolás, cuyos trabajos circulan con fuerza en la escena contemporánea. Esa actitud abierta está en línea con su visión de que la música vive en la capacidad de los artistas de reinventarse sin perder el contenido propio.
Al mismo tiempo, defendió una idea de grabación ligada a la autenticidad y al vivo. “Defiendo grabar con batería, bajo, piano y guitarras, si es posible todo en vivo. Esa adrenalina es irremplazable.”
Como cierre, anunció su presente artístico y la continuidad del vínculo con su público: el 19 de diciembre se presentará en Café Berlín con material nuevo y los clásicos que marcaron su carrera.
“Vamos a mostrar cómo fueron cambiando las décadas, sin perder la base. Va a ser un concierto divertido”, nos anticipa.
