La expansión de enfermedades virales transmitidas por mosquitos volvió a colocar a Cuba en el centro de la agenda sanitaria regional. A fines de 2025, la isla enfrenta un brote simultáneo de dengue y chikungunya que afecta a buena parte de su territorio, con impacto directo sobre la población infantil y presión creciente sobre un sistema de salud debilitado por la crisis económica. El fenómeno no es nuevo, pero sí más intenso y persistente que en ciclos anteriores.
El problema excede el plano estrictamente epidemiológico. La proliferación del mosquito Aedes se vincula con fallas estructurales en el manejo de residuos, interrupciones en el suministro de agua y dificultades para sostener campañas sistemáticas de fumigación. En este contexto, la salud pública se convierte en un indicador indirecto del deterioro estatal, donde factores económicos, logísticos y sociales se entrelazan con la emergencia sanitaria.
La circulación simultánea de dengue y chikungunya complejiza la respuesta médica y epidemiológica. Ambas enfermedades comparten vector, síntomas iniciales y ausencia de tratamientos antivirales específicos, lo que obliga a centrar la estrategia en la prevención y el manejo clínico de complicaciones. En Cuba, el aumento de casos graves y fallecimientos, incluidos menores, expuso limitaciones en la capacidad diagnóstica, disponibilidad de insumos y tiempos de atención.
Las autoridades sanitarias han reconocido la gravedad del brote y reforzado operativos de control vectorial, pero la efectividad de estas medidas resulta irregular. La escasez de combustible, insecticidas y personal reduce el alcance territorial de las campañas, mientras que la población enfrenta dificultades para eliminar criaderos domésticos en un contexto de cortes de agua y almacenamiento forzado. El resultado es una transmisión sostenida que desafía los protocolos clásicos de contención.
❌En Cuba, los supervivientes de la epidemia de chikungunya y dengue enfrentan secuelas físicas y emocionales prolongadas, incluyendo cansancio crónico, hinchazón, quemazón en pies y limitaciones para realizar actividades cotidianas, según testimonios de pacientes en La Habana,… pic.twitter.com/bOUBLvOXQH
— Mario J. Pentón (@MarioJPenton) December 17, 2025
La situación cubana se inscribe en una tendencia global más amplia. En 2025, múltiples países de Asia, África y América registraron rebrotes de dengue y chikungunya, impulsados por cambio climático, urbanización acelerada y expansión geográfica de los vectores. Alertas internacionales y restricciones sanitarias reflejan que estas arbovirosis dejaron de ser un problema localizado para convertirse en una amenaza transnacional.
🇨🇺🩺 Cuba: la peor crisis sanitaria en más de un siglo (y aún la llaman “controlada”)
— Lucio Enriquez (@lucio_enriquez) December 13, 2025
Hoy quiero hablarte, como médico cubano, exiliado y activista político en contra de la dictadura del PCC, de una realidad imposible de maquillar: Cuba atraviesa la peor crisis sanitaria en más… pic.twitter.com/DEuM48JbmK
La comparación internacional revela una constante: allí donde el control ambiental y la infraestructura sanitaria se debilitan, los brotes se intensifican. Cuba muestra con nitidez cómo la combinación de vulnerabilidad económica y presión climática amplifica riesgos sanitarios. Más allá de la coyuntura, el desafío es estructural: sin inversión sostenida en prevención, las epidemias dejan de ser excepciones y pasan a formar parte de la normalidad.