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20th Century Studios

James Cameron sobre Avatar: “El público hoy no quiere solo una película, quiere una experiencia”

21/12/2025 | En Fuego y Cenizas, la tercera entrega de la saga, el director profundiza el costado más emocional de Avatar.



Desde su estreno en 2009, Avatar se transformó en un hito taquillero del cine contemporáneo y en una de las sagas más influyentes de las últimas décadas. Con Avatar: Fuego y Cenizas, James Cameron presenta la tercera parte de su ambicioso universo, una película que amplía el mundo de Pandora y, al mismo tiempo, profundiza en las consecuencias emocionales de los acontecimientos narrados hasta ahora.

Luego de Avatar y Avatar: El camino del agua, esta nueva película eleva el conflicto a un nuevo nivel. Más allá de la expansión territorial, Cameron se enfoca en lo que deja la pérdida y en cómo esa herida redefine a los personajes.

“Hemos estado preparando el terreno para esta historia desde hace tiempo. En la primera película establecimos un mundo y una historia de amor relativamente simple. En la segunda, complejizamos el relato. Ahora vamos a un siguiente nivel de complejidad”, expresó Cameron.

El duelo como núcleo del relato

Uno de los ejes centrales de Avatar: Fuego y Cenizas es el duelo que atraviesa la familia Sully tras la muerte de su hijo mayor. Cameron explica que la película busca enfrentar ese dolor sin atajos ni simplificaciones: “Sentí que era realmente importante anclarla en respuestas humanas auténticas frente al trauma, la pérdida y el duelo. El cine comercial suele pasar por alto estas cosas”.

Ese proceso impacta especialmente en Neytiri, un personaje que se vuelve más oscuro y contradictorio. Neytiri entra en un lugar muy oscuro, dejándose llevar por el odio. Tiene que atravesar ese camino y volver a ver a las personas por sus valores”, señaló el director.


Neytiri.

Desarraigo, identidad y pertenencia

La película retoma un tema central de la saga: el desplazamiento forzado, la persecución. Los Sully abandonan su hogar para sobrevivir y deben reconstruirse en un territorio que no les pertenece.

“Cualquiera que haya sido desplazado de su hogar sabe lo traumático que es. Neytiri siente que ya no tiene su bosque ni a su gente, se siente una extranjera en una tierra extraña”, explicó Cameron.

Ese conflicto se refleja también en las nuevas generaciones. La decisión de que Lo’ak sea el eje narrativo responde a una lógica emocional clara: “Jake no puede contar la historia de Lo’ak porque no lo entiende, pero Lo’ak sí puede contar la historia de su padre”. En ese vínculo padre-hijo, la película aborda la sensación de no ser visto y la búsqueda de identidad.

Captura de movimiento y el valor de la actuación

Más allá del espectáculo visual, Avatar: Fuego y Cenizas vuelve a reivindicar el trabajo actoral en captura de movimientos, un proceso que Cameron considera erróneamente subestimado.

“Esto no es animación ni actuación de voz. Sigourney Weaver no ‘puso la voz’: interpretó a Kiri durante 18 meses. Es uno de los trabajos más complejos que puede hacer un actor”, afirmó, comparando incluso los tiempos de rodaje con producciones como Titanic.

El director destacó la libertad creativa que ofrece este método, con ensayos constantes y escenas que se generan en el momento, priorizando siempre la interpretación por sobre los elementos técnicos.


Cameron con Sam Worthington, el actor detrás de Jake Sully.

Pandora como alegoría del mundo real

Cameron explicó que su ecosistema responde a reglas biológicas reconocibles y a una intención dramática clara. “Estas películas no son ciencia ficción dura. Son una fantasía alegórica. Las ponemos en otro planeta para poder hablar del odio, la desconfianza, la falta de empatía y la necesidad de reconexión, expresa el director, resaltando a Pandora como un reflejo de la Tierra.

El diseño del mundo, sus colores y su bioluminiscencia nocturna están pensados para generar una experiencia inmersiva y emocional, donde el espectador pueda conectar con los personajes como si fueran personas reales dentro de un universo que pueda ser reconocible.

El cine como experiencia colectiva

Estrenando en temporada navideña, y con una duración cercana a la de Titanic, Cameron volvió a defender al cine como un evento pensado para la sala. “Hoy el público no quiere solo una película, quiere una experiencia”, aseguró, en referencia a un contexto donde ir al cine implica una decisión consciente frente al avance del streaming.

Para el director más taquillero de la historia, la saga Avatar pertenece a ese grupo de películas concebidas para verse en pantalla grande, en comunidad y de manera intergeneracional.

Una tercera parte que no entiende de fronteras

Avatar: Fuego y Cenizas se presenta como una obra más oscura, más íntima y emocionalmente más compleja dentro de la saga. Sin abandonar el espectáculo, la película apuesta al dolor, a la identidad y a la familia como refugio.

Como define James Cameron, se trata de una historia universal pensada para conectar con aquello que atraviesa a todas las personas, más allá de culturas, idiomas o fronteras.

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